Hojas de Carnaval

Sigo colgado de una hoja sobre el viento tambaleando de acá para allá mientras el tiempo no va a pasar. Hay agua que pinta el cielo y nubes que van volando despacio por las piedras sueltas de esta calle sin gente. Son días de besos, de bienvenidas, de abrazos y despedidas.

Susurran los árboles canciones de amor y sonrisas en un amanecer luminoso naranja de hoy. Son momentos eternos que duran menos de un segundo plano. Me miras con ojos entrecerrados de despertar mientas el violeta de la transmutación se queda a flotar entre la cabeza y el as.

Unas llaves caen de alguna mesa mientras se desfondan las valijas del pasado. Llevo esperando con terror un anuncio que no va a llegar. El silencio le pone punto final a las palabras filosas que cortan el cuero de un tirón. La correntada se lleva los fantasmas caídos que no se quieren despedir. Hasta este punto hemos llegado.

Este es un lugar parecido, casi igual al que algún momento las cosas coincidieron fundando algo que ya desapareció. Ahora las miradas son otras, las camas más frías, la tristeza compartida. Vas a mirar al coro de aprobación trepando hacia el valle repleto de pelo donde estás. Cuchichean los recuerdos con el presente por última vez estrechando las manos en un nuevo aniversario.

Cruje la madera en el plano más alejado de las cosas. Ahora somos vos, yo, las hojas y el sol tímido que se escapa en las miradas de los demás. Camina el andar del tren por los rieles gastados de aquella niñez. Son caritas de barro donde faltan los besos. Se tejen en el techo las historias del pasado que se esfuman entre el viento del presente y el aire del porvenir.

Hay una hoja en el mundo de los deseos que sigue bailoteando en el aire con las cuerdas que ya la van a dejar de sostener. Está en su esencia la necesidad de seguir viajando en las casas que abren puertas de par en par. Son caras mirando al sol, besos de narices pasadas y manos que bailaran entre la arena hoy, mañana y pasado.

Son hojas de nuestros días que siguen cayendo pisando el suelo que recorreremos. Sonando al romperse con nuestras pisadas de posibilidades. Colgadas de los troncos, con mi vista ensimismada, mientras suenan mil canciones de amor.

Van los tambores como una alfombra de gente uniendo el mar con la ciudad. Vas retumbando del piso a las farolas que alumbran esta noche de estrellas quemando el cielo de luz. Vamos agarrados en el alma de lleno a la luna que aparece en el horizonte donde todo está a punto de empezar y terminar.

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