Sumergida en una taza de té
Hirviendo,
no quiero moverme.
Mi cuerpo resiste: ojos, boca, senos, manos, vientre, vagina, piernas, pies,
como piedras de lava a punto de explotar.
Creía que estaba en paz pero la verdad es que estoy muriendo.
Intento subir a la superficie y gritar un auxilio
No hay nadie quien pueda salvarnos.
Vuelvo a cerrar los ojos mientras tomo la forma de una taza. Siento que estoy en el vientre de mi madre.
Lloro
Saboreo las hojas de té y comienzo a cantar para olvidar el dolor.
Sobrevivo
De lejos escucho un arullo. Parece ser la dulce voz de mi abuela
Cuando era pequeño,
muy pequeño recuerdo
que siempre junto a mi cama
juntaba las manos
y de prisa rezaba,
más rezaba como quien amaba.
Las aves marías yo rezaba
siempre y siempre comía
algunas palabras y a veces
cansado me quedaba
dormido, me dormía como quien amaba.
Ave María, de mi Señor
el tiempo pasa no vuelve atrás
siento nostalgia de aquellos días
cuando dormía pensando en ti.
