DRENAR, NARRAR Y CONECTARNOS PARA SOBREVIVIR

A lo largo de la historia se ha hecho evidente nuestra necesidad de expresar aquellos hechos que determinan nuestra vida. No en vano pintábamos los muros de las cavernas y el moderno grafitti decora las paredes de las calles aún en nuestros días.

Esto apunta, a la idea de una necesidad más o menos constante de darle significado a nuestras acciones. Dentro de este contexto y para ayudarnos surge la terapia narrativa, la cual plantea que la identidad se forma principalmente por las narrativas o historias que elaboramos, tanto en lo individual como en lo colectivo. Es decir, lo que creo que soy y que somos es básicamente lo que puedo decir de mí y de mi mundo. Si me agobian los problemas me identifico con ellos porque es lo que puedo narrar respecto de mi mismo.

La terapia narrativa se fundamenta en la externalización, la cual como principio plantea que narrando un problema, es decir, dándole forma y empleando la narrativa para reflexionar sobre él, la persona puede evaluar los efectos que tiene en su vida, llegar a conocer cómo se relaciona con su historia , evaluarlo para tomar un posición definitiva sobre su presencia, y al final elegir qué relación se tendrá con este. Esto posibilita que el individuo pueda redefinirse. En situaciones como la que vivimos en Venezuela actualmente, donde muchas personas necesitan ayuda pero no tienen recursos para acudir a psicoterapia, hacer uso de la externalización puede ayudarnos enormemente a evitar que la realidad nos destruya.

La psicoterapia hace uso eventual de la narrativa en muchos contextos, como herramienta se acude a ella con gran frecuencia, pues es poderosa. Es frecuente que en consulta se te sugiera escribir una carta a papá, a mamá, o a la ex pareja por ejemplo. De hecho, cuando descargamos nuestra frustración en redes sociales estamos, de esta manera haciendo catarsis, que es una de las primeras consecuencias de cualquier tipo de terapia. Pero las redes sociales no son terapeutas, por lo general no nos ayudan a elaborar nuevos significados, a reflexionar sobre nuestra identidad, a menos que sea eso exactamente lo que estemos buscando.

Las redes sociales nos conectan y en una situación país tan compleja como la que vivimos es imprescindible conectarnos con las personas correctas, volvernos activistas y construir desde nuestro entorno. Entonces, si las empleamos para hacer catarsis en lugar de para conectar, movilizarnos, hacer resistencia, compartir contenido importante y fortalecer vínculos nos estamos separando en lugar de unirnos.

Te invito a que, cuando la situación te abrume, el resentimiento o la rabia te atrapen y necesites drenar, cambies las redes sociales por papel y lápiz para que saques todo lo que llevas dentro. Guárdalo para poder leerlo luego, haz una tormenta de ideas en torno a eso, ve a donde te lleve, identifica tus emociones. Escribir (con lápiz, del modo tradicional) externaliza tus problemas de modo más efectivo y te permite lidiar con ellos, las redes sociales probablemente los empeoren.

Emplea las redes sociales para conectar con otros. Y papel y lápiz para conectarte contigo mismo.

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