Dándole a las teclas
Buscando que las letras sepan a ajo
11:22 a.m. y el ruido del abanico, la televisión de la habitación de al lado. A lo lejos, el martillo de un hombre faja’o en su trabajo, la industria. El gritico de la alarma del apartamento, tiene problemas. Se cierra una nevera. Escucho risas de la sala. El hombre martilla cada vez con más intensidad. Un mensaje… mi celular. Ignoro. Quiero seguir aquí, sembrada, escribiendo lo que escucho sin moverme. Escupiendo con los dedos. ¡Un mortero! Deben de estar majando un ajo con pimienta y ajisitos. Creo que para un pollo. Pobre pollo y lo bueno que seguro va a estar. Me apena y pienso en la vida vegetariana pero ‘damn’… es tan rico. ¡Más fuerte! Ese sazón va a quedar bueno. ¿Quedará así esta historia? No sé. Qué se yo. Ojalá. Si pudiera majar un sazón así para untármelo, lo haría. El ajo es lo mejor de la cocina. Resalta los sabores. ¿Cómo se le pone ajo a la vida? Qué lío. Ahora me fuí en una cocinando en mi cabeza.
Medium. ‘Toy en el medio ahora. Literalmente.
Escucho mejor la televisión, ¿Serán sordos? Es un programa de cocina. Dice “No se asusten con la canela…” La canela no me asusta, la cocina no me asusta, me asusta en donde estoy ahora. Pensarás que no sé de qué escribir que escribo mi entorno auditivo. Piensas bien. Tenía tiempo sin toparme con una hoja en blanco. Con la vida en blanco, a cada rato. Eso me asusta. (Musiquita rara de programa de cocina) Nos vemos en otro medio.
NV.-