La vergüenza era verde, un chivo llamado “Robolución” se la comió.

Si las personas que pueden hacer algo no lo hacen porque la mayoría está comprada o es parte del circo, ¿Qué puede hacer el resto, seguir de esclavos, hablando bajito o alto, pero hablando donde no se resuelve nada, que es en la calle, o en los “grupitos”. Esperando que te metan en un calabozo, te despidan para otro país, o te desaparezcan del mapa?

La falta material en Cuba por tantas generaciones, se ha llevado la vergüenza, las personas lo mismo cantan en la calle 8 de Miami, que en la Tribuna Antimperialista. Dos caras, dos discursos, dos bandos, la hipocresía que pulula, el descaro, la desidia, las familias divididas, temerosas, enajenadas con la realidad.

Eso sí, los intelectuales y artistas “protegidos”, gozando la vida, sacrificados en su “cubanía”, y ahogándose en su propio silencio; no puedo más con este descaro, no puedo más.

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