Golovin no entiende de límites

Su llegada al Mónaco de Jardim le convierte en el jugador ruso más caro de la historia y rompe una de las tendencias más negativas del fútbol ruso

Pese a ser una de las seis ligas más potentes de Europa, la Premier rusa raramente exporta talento. Denis Cheryshev fue el único extranjero en la lista de la anfitriona del pasado Mundial, confirmando una tendencia asentada tras el declive de los Arshavin, Pavlyuchenko o Kerzhakov: los rusos solo juegan en Rusia.

Detrás se esconde un problema más arraigado. El límite de extranjeros implantado en 2009 estaba llamado a procurar mejores condiciones para la generación que llegaría a Rusia 2018. La idea de la Federación era garantizar tiempo de juego a los jugadores nacionales con el objetivo de desarrollar la producción de talento.

El efecto fue justo el contrario: cualquier ruso que destacara lo más mínimo se encontraba un contrato fuera de mercado y la comodidad que costaría encontrar en el resto de Europa. Los mejores rusos de la última década, los Dzagoev, Kokorin y compañía, nunca compitieron fuera de una liga que les sobreprotegía por la falta de competencia.

El cupo de extranjeros limitó la producción de talento del fútbol ruso

El límite de extranjeros, que inicialmente permitía solo a cuatro extracomunitarios en el once y se abrió hasta los seis, permitía tener carreras sin sobresaltos a jugadores mediocres. Consolidaba una clase media decadente que, para colmo, tampoco abría paso a los jóvenes talentos rusos.

No vamos a descubrir ahora a Alexandr Golovin. Esto tenía sentido hace dos años, cuando llegó a la Eurocopa de Francia siendo un perfecto desconocido. O antes de que brillara en cada noche europea comandando al CSKA de Moscú. Pero ha tenido que surgir un talento descomunal para que alguien le saque de esa espiral de confort que se ha visto reforzada con la gran actuación de Rusia en su Mundial.

Gran parte de la culpa la tiene el propio Golovin. Pudo conformarse con ser una estrella en un entorno idílico, pero prefirió salir de su zona de confort y aspirar a ser uno de los mejores.