Empezar y acabar. Esa es la cuestión.

Xavi Lúcia

Eso de terminar lo que uno empieza puede parecer fácil pero para mí no lo es. Y con esto estoy reconociendo algo tan íntimo que me sonrojo al escribirlo y el corazón se me acelera y las manos me sudan, como cuando vas a confesar algo importante. Importante para ti, claro.

¿Por qué me pasa? Seguramente es porque me gustan mucho muchas cosas y tengo una enorme capacidad para ilusionarme con algo cuando me gusta, la misma que para perder la ilusión por la misma en poco tiempo.

Hace mucho ya que se va cociendo en mí una ilusión nueva. Una que he trabajado, meditado (mil veces) y a la que le tengo muchas ganas pero me da hasta miedo contarlo en voz alta porque temo que, cuando lo haga, la magia se apagará y, ¡soy tan feliz viviendo con esa ilusión en mi interior! Dentro de mí parece real, parece posible, parece duradera, parece definitiva.

Los que me tienen aprecio y me conocen bien saben de mis miles de millones de ideas, proyectos… sueños. Algunos han visto la luz algún tiempo, otros no han llegado. Supongo que eso es lo que se llama hoy en día “ser una persona creativa”, ¿no? Pues eso.

Lo que tiene la edad, la experiencia y los porrazos que te vas pegando por el camino, es que te enseñan mucho de ti misma. Lo siento, pero no me cambiaría por la Noe de 25 años y tampoco por la de 30. Ni siquiera por la de 34 y el cuerpazo que me gastaba yo antes de tener a mis dos bestias pardas… SNIF.

A lo que iba, que me voy por las ramas. Si algo no me llena total y absolutamente, si no me ilusiona, lo primero es la desgana, luego vienen las excusas que me pongo para no hacerlo y luego el abandono. Esto me ha pasado con proyectos de todo tipo. De trabajo, de ocio y vitales.

No siempre soy yo, a veces es la vida la que te obliga a dejar algo. Me pasó con el violín, por ejemplo, también con el coreano. Son esas cosas que no queda otra que aparcar para otro momento. Pero luego está la voluntad. Sí, creo que ya había hablado de ello. ¿Quieres hacer algo? HAZLO.

Los acontecimientos de los últimos días me han hecho pensar aún más en todo. ¿Por qué no intentarlo? Si se pierde la magia, si se va al garete una vez más, será porque no valía la pena, ¿no?

“Si quieres empezarlo, hazlo, pero acábalo”, me dijo un buen amigo hace unos días. “Acaba algo de una vez”. Es como la voz de la conciencia. De mi conciencia, a la que suelo ignorar cuando me conviene. Y en mi conciencia suele estar también mi padre. Aún le oigo gritarme (en mi casa somos mucho de gritar, qué se le va a hacer): “¡Todo a la vez no se puede! ¡No empieces mil cosas a la vez!”. Y yo erre que erre que sí, que claro que puedo, porque soy la leche en vinagre. PUES NO.

Así que en las próximas semanas es posible que me lance y cuente en voz alta lo que se lleva cociendo en mí unos dos años ya. Mientras, en mi interior sigue el debate: “¿Serás capaz de persistir? Eres muy persistente cuando quieres. Y cabezota. ¿Crees que vale la pena? ¿Por quién lo haces? ¿Para qué lo haces?”.

Supongo que no soy la única con esta enfermedad extraña del espíritu volátil. ¿Alguien se une a mí? ¿Formamos un club? Menos un grupo de whatsapp, lo que sea.

)
Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade