Jitomates cosechados sin sembrar.

Empieza por cosechar

Cuando me mudé a esta casa, antes de empezar la remodelación, encontré unos frutos de color rojo, del tamaño de un garbanzo pequeño, con aspecto de jitomates diminutos. La planta que las producía se fue con la limpieza y nunca los probamos. Tiempo después empecé a encontrar otras plantas similares en casa y en terrenos baldíos aparentemente poco aptos para cultivar frutos. Resulta que sí son jitomates y hoy coseché unos cuantos.

Cuando pensamos en involucrarnos con la agricultura a escala doméstica por lo general vienen primero los esfuerzos y adquisiciones necesarios para poder, en el futuro, cosechar. La idea del esfuerzo está tan grabada en nuestra cultura que Cosechar lo que has sembrado se usa como figura para hablar de todos los casos en los que es necesario trabajar primero porque, de lo contrario, no habrá ningún fruto. Desde el primer capítulo de la Biblia, el dios castiga al primer humano varón, Adán, con la necesidad de trabajar la tierra para obtener sus alimentos.

Pero ¡un momento! antes de la agricultura los humanos y todos los demás animales ya comían los frutos de la tierra sin esfuerzo. Como señala el autor Michael Pollan en La Botánica del Deseo, una forma de ver el asunto de la agricultura es que los humanos moldeamos y dominamos a las plantas para obtener lo que necesitábamos. Otro enfoque es que las plantas elaboraron una estrategia genética brillante en la que adaptaron su composición, desarrollando frutos y otras características deseables para convencernos de propagar sus genes. Las plantas quieren que te las comas a cambio de que disperses sus semillas o las propagues de otra forma.

Así, aunque la agricultura en efecto involucra esfuerzo, planeación y conocimiento, antes de ésta viene una actividad importante de observación, recolección y consumo.

Si nuestra intención es tener un huerto en casa para estar más cerca de la producción de nuestros alimentos, disfrutar los estímulos variados que la agricultura provee más allá de lo comestible, o por razones políticas, ambientales o la razón que sea, quizá empezar por observar nuestros alrededores con ojos de recolectores y aprovechar lo que está ahí es una buena forma de empezar. En calles, parques, camellones, terrenos y casas de familiares y amigos hay árboles cuya fruta suele desperdiciarse. Si ponemos atención podemos encontrar otros productos que están ahí, creciendo solos y esperando que alguien les haga el favor de dispersar sus semillas. Puede ser un pájaro, una ardilla, o tú.

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