Huir contigo
Así somos, valientes cobardes. Somos aquellos que corremos y huimos de todo aquello que sentimos no poder controlar. Aquello que se nos escapa de las manos, que no tenemos, que no sabemos. Que probablemente nos pasamos la vida corriendo sin control alguno por una carretera de sentido único. Y seguimos huyendo. Huyendo probablemente de algo inevitable. Algo tan inevitable como es el amor, la muerte o unos churros con chocolate un domingo por la tarde. Pero así somos. De los que buscan o lo evitan. Y sinceramente, yo soy de los segundos. Por ello te evité. Evité perderme en unos ojos como los tuyos. Evité ese color que tanto me recordaba al mar. Ese mar que tanto me atemorizaba de niña. Y entonces, lo supe. Supe que contigo estaría perdida. Que eras un huracán. Que ibas a arrasar con todo. Que ibas a arrasar conmigo. Que sería como nadar a contracorriente. Que el miedo me podría. Que intentar huir solo me cansaría. Que me ahogaría. Que estaba escrito. Que no podía huir de lo inevitable. Que quería huir, pero esta vez lo quería hacer contigo.
