El moldeo
Nos toca hacer sentir bien a tanta gente, que nos olvidamos que nos hace sentir bien a nosotros. Buscamos pretextos para justificar nuestras acciones y la victima siempre termina ser señalada por el culpable. No somos más que buenos actores mezclando sentimientos reales, pensando en que nadie saldrá herido. Después de todo, la carga no es obligatoria. Retirarte, cuando gustes. Cambiar la dirección cuando las curvas te mareen, o tomar atajos de felicidad momentánea. Es tan flexible vivir aquí, que tan siquiera pienso en ese último suspiro. Entonces llega su espíritu y cambia mi orientación;
Ama a tu prójimo sin importar su condición
Se filtra del cielo información,
Y me hace cambiar de opinión.
Cuando pensaba lo sencillo de esto,
Un simple acto detiene mi ejecución,
Y borra mi camino de operación.
Me siento como hormiga perdida, después de un mal tiempo en la colina. Todo desde cero, hasta los acentos no sé dónde ponerlos, pero la obra comenzó y es mejor seguir el camino hasta que vuelva su espíritu y me revele la otra parte, mientras sigo en progresivo. Se me fue la diversión, tanto así que tengo miedo de ese último suspiro, porque atrás las huellas no se han borrado del camino, y puedo virar y encontrarme con los atajos reconocidos. Todo es cuestión de perspectiva, de un sueño liviano, quizás un sueño pesado que debe tener más abundancia de imágenes, y ahí pueda chocar con su fragancia, dejando atrás mi rebeldía. Me han hecho tanto, que ya me echo la culpa antes de terminar cualquier capitulo.
Pensándolo bien, no le tengo miedo a la diversidad y aunque a veces es no están malo escuchar unos buenos días y contestarlos con una sonrisa, para que la misma sea como el viento que tropieza conmigo, y que mi interior este igual de puro, aunque el reciproco no lo vea.
Vuelvo y espero otro día por sus noticias.
Hoy pienso que tal vez colapse y despierto en un desierto que está de moda el amanecer. Por más desviado que seas, tienes la misma oportunidad de respirar el mismo aire que la monja de la parroquia, la que se levanta todas las madrugadas a rezar. No llega nada, decido zambullirme en un torbellino de oración en busca de esa paz interior, que me dice al rato cuan vulnerable soy. Comienzo a entender que cada suspiro es una oportunidad que se le regala a todos los que caminen por aquí aunque estén ciegos y vacios, pero en algún momento serán llenados de su infinita misericordia. No sabía nada de esto en aquel tiempo, hoy puedo pedirle al espíritu santo que te revele, por la vía que sea, para que te hable de sus grandezas, que eres su máxima creación y que mientras suspires un propósito del cielo te sigue.