Vuelve a casa…

Caminaste tanto que ahora piensas que estas lejos de su presencia, seguiste el rumbo sin equipaje, dejaste atrás la fuente que te alimentaba. Muchas veces pensaste que te acostarías sin comer, y de la nada llegaba ese inesperado plato de comida, gracias a tu vecina que siempre cuido de ti desde el momento que llegaste a ese pequeño barrio lejos de tu hogar. Ella había perdido a su hijo en la guerra y tú le recordabas a él cuando joven, porque tienes su misma sonrisa, la que guardaba para ella a la noche cuando llegaba cansado de trabajar, o como cuando la acompañaba a la Iglesia y luego que salían le compraba comida y la llevaba al parque a cenar, en ese pequeño espacio de naturaleza rodeado de la inmensa ciudad, ahora ella vive los recuerdos en ti. Ya eran dos que por las situaciones repentinas llenaron ese espacio vacío, que las decisiones te obligan a desocupar.

El sol era firme, y su voz te llamaba, porque sabía que pronto llegaría la tormenta y tus pies no estaban firmes al suelo, te habías soltado, estabas expuesto a que los vientos te llevaran lejos. No había fuerzas para el regreso, tenias miedo de enfrentar el proceso, sin saber que cuando saliste por aquella puerta, dándole la espalda, Él tomo el equipaje que dejaste, y fue tras de ti, en cada necesidad, abría el bulto y te suplía. No eras capaz de saber porque eras bendecido, le echaste las cartas a la suerte, que confundiste con la Fe que algún día viviste. Era obvio que lo que te sustentaba no era abúndate, como el manjar que antes disfrutabas. Pensabas a diario en todo el proceso, sin saber que había un padre que te esperaba devuelta sin importar si eras digno o no, y ahí estabas tú en la encrucijada, “le falle al cielo en una mala jugada”, olvidaste que existe un perdón, ese arrepentimiento que te hace cambiar y coloca todas las cosas en su divino lugar, moviendo un cielo a tu favor.

Pasaron los días y comenzaste a extrañar la vecina, hasta unas semanas mas tarde llegando del trabajo a tu casa, te encuentras con un hombre poniéndole el letrero de ventas a la casa de tu vecina, y hablando con él te enteras que la casa paso a venderse, porque la hija de ella había tenido un encuentro con Cristo y en el arrepentimiento fue a buscar a su madre que abandono por años en los caprichos que ofrece el mundo.

De una forma u otra volvemos, quéda de ti volver a la vida, a tu padre y a tu hogar…

Inspirado en el hijo prodigo.

Lucas 15:11–32

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