Hola, Juan. Tenemos que hablar

Kiko Veneno dio ayer en Las Vistillas un concierto estupendo. Alguna canción nueva, al menos para mí, pero sobre todo un montón de clásicos. Me sabe mal por los artistas porque entiendo que lo que a ellos les apetece es tocar lo que están haciendo ahora pero, como fan, uno espera karaoke. Y el de anoche estuvo genial.

Pero es que ayer fue divertida hasta la vuelta en metro. De repente el móvil empezó a echar humo con enlaces a “una locura de artículo” del subdirector- dudaban- de El País, en el que se mencionaba una chorrada que yo había puesto en tuiter. A pesar de mi naturaleza recatada, he de reconocer que enturbié un poco la paz del vagón que me llevaba a casa con una sonora carcajada.

Ahí estaba yo, en las páginas del tótem del periodismo patrio, mencionado por uno de sus directores adjuntos con mi “supuesto nombre propio”. En un artículo que habla de los usuarios anónimos que amedrentan a periodistas y políticos en las redes sociales destacabas un tuit mío en el que, tomando prestada una broma de Padre de Familia, criticaba un escrito de un joven y exitoso periodista.

Lo vuelvo a leer ahora y no puedo evitar preguntarte si de verdad has publicado esto en El País. Supongo que lo que justifica en último término verme incluído en una de tus reflexiones acerca de lo mal que va todo desde que hay internet es la última respuesta a mi tuit: la que habla de “molinillos en la jeta”. Tampoco es que venga muy a cuento con tu texto pero la violencia en las redes bla bla bla.

Perdón por los blablablás, no quiero que lo tomes como una falta de respeto pero has repetido tanto el tema y me parece que te lo crees tan poco que no se me ocurre una manera mejor de resumirlo. Con toda la humildad te lo digo, Juan: a ti lo que de verdad te preocupa es que haya gente llevándote la contraria.

Antes de mencionarme, hablas sobre un artículo de Venezuela por el que muchos usuarios de redes sociales te criticaron el pasado mes. Me pilló de vacaciones y no pude leerlo. Tampoco voy a hacerlo ahora porque creo que no tiene nada que ver con mi tuit y, la verdad, no me apetece.

Desde las páginas de tu diario habéis justificado golpes de Estado en aquel país, habéis publicado supuestas fotos de su entonces presidente muerto en portada y no pasa una semana sin que hagáis el ridículo con vuestras informaciones sobre lo que allí acontece.

Igual tu artículo estaba muy bien pero cabe la posibilidad de que quienes discrepan respecto al análisis que hacéis de lo que ocurre allí estén un poco quemados con vuestro periódico.

Porque respecto a vuestra línea editorial sobre Venezuela se puede discrepar, ¿no? Supongo que incluso más cuando dicha línea llega a condicionar vuestras informaciones, pero me pierdo con el tema de la censura en redes sociales.

Y de Venezuela, con un salto que todavía no alcanzo a entender pero por el que por si acaso te felicito, pasas a lo de mi tuit. Le pongo un poco de contexto a la chorrada por si nuestros lectores no están familiarizados con el invento de la “poscensura” y por si el desconocimiento de la referencia a Padre de Familia te hubiese podido llevar a equívoco.

Primero el chiste. Que no sé por qué, la verdad, pero me parto la caja:

Y ahora lo de la poscensura, que ya tiene menos gracia. Juan Soto Ivars, el autor del término, defiende que nos encontramos en una época de crisis de la libertad de expresión porque uno no puede decir lo que quiera sin recibir todo tipo de improperios en las redes.

Su lectura en una publicación reciente en su facebook de lo ocurrido el fin de semana en Virginia tiraba otra vez de esa idea para concluir que quizá el problema es que no habíamos sido capaces de dialogar bien con los nazis y, claro, se habían radicalizado.

Y ese el contexto de un tuit en el que no estoy llamando nazi a Soto Ivars sino criticando con sorna lo que se desprende de su análisis. Entiendo que no es ese el motivo de mi aparición en vuestras páginas pero teniendo en cuenta que, por tu atención a las redes sociales, te puedo imaginar soliviantado por las críticas al vergonzoso “grupos radicales” que usasteis en El País para hablar del atentado en Virginia, por si acaso te lo repito: no estaba llamando nazi a Soto Ivars.

Le auguro además un gran éxito a su invención porque creo que va a seguir teniendo mucho eco en nuestras más arraigadas tribunas. Comparte algo con el término posverdad, que conoces de sobra porque en El País es de uso diario, que da una pátina cool y muy leída a lo que sinceramente creo que no es más que una pataleta.

La posverdad es la mentira surgida por el descontrol que hay en las redes sociales. A falta de buenos profesionales de la información, cualquiera puede ahora publicar sus propias noticias y, claro, los cualquieras tienen una tendencia al engaño que en los periodistas de verdad no se conocía.

Lo que ambos palabros tienen un común es su utilidad para quienes se ven derbordados por el cambio de una comunicación unidireccional a otra en la que se abre la posibilidad de que el receptor deje de ser un elemento pasivo. Alguien te puede decir que tus comentarios machistas lo son y no tienen gracia e incluso puede que te lleguen a desmentir una noticia haciendo una búsqueda en Google sin levantarse del sofá.

Y ante eso puedes responder con un “cómo está el servicio”, que no queda ya demasiado elegante, o echarte a la tarea de criticar todo lo que pasa en las redes porque la posverdad, la poscensura y los tuiters que mataron a Rita Barberá.

Juan, sé que no es plato de buen gusto, pero tenemos que hablar. Quizá así entiendas que hay a quien no le queda más remedio que el anonimato porque hace mucho frío ahí fuera. Puede que te des cuenta de que entre lo que tú crees que es tu periódico y lo que sale de él hay una distancia kilométrica. O puede que seas perfectamente consciente y digas “ya”.

Pero sobre todo, Juan, tenemos que hablar porque llevamos 40 años escuchando sin poder decir ni pío y ya nos iba tocando. A ver lo que dura.

Like what you read? Give No les creas a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.