Despues de un Año sin Sexo (y un poco más)

El sunset que no vimos Foto: Nolus Filomeno

Link a la primera parte

Continuación…

Han pasado unos meses, he salido brevemente con dos hermosas chicas. Una de ellas “cerro el trato” conmigo luego de leer esta crónica (digo “cerro el trato”, pero me refiero a que accedió a salir conmigo).

La primera, una alemana casi adolescente de largo cabello castaño, olía como maratonista y su castellano español hacía de la conversación una delicia.

“mis amigas creen que todas son muy pijas, pero a veces lo que dicen me parecen puras gillipolleces”

Era tierna, tenía 19 años pero hablaba con propiedad de filosofía y poesía. Cuando iba a verla nos sentábamos en la cama y nos leíamos cosas que nos gustaban.

Duro poco, se asustó y volvió a Alemania.

Antes de irse le regale un pequeño cuaderno hecho a mano, con poemas que me gustaban, me dijo que era el regalo más hermoso que le habían hecho.

Solo nos vimos 6 veces, se fue después de 2 meses.

La segunda chica me boto aún más rápido, solo tuvimos una cita en la que cometí el error de mencionar esta crónica y su contenido.

Nos conocimos por medio de una amiga, antes de salir coincidimos varias veces en el taller de diseño donde trabajaba. Los encuentros pasaban más o menos así:

Ella gritaba mi nombre en un tono muy agudo y corría a abrazarme, al hacerlo sentía todo su cuerpo y su cabello rizado cubría mi rostro, luego volvía a su trabajo mientras yo conversaba con su jefa (mi amiga) finalmente las reuniones terminaban con cervezas o bocaditos entre los tres hasta que ella se iba.

Mi amiga me recordaba en cada ocasión como ella le hablaba de mí y que debería invitarla a salir, al cabo de unos días, luego de ver una película en el taller, lo hice.

Se enterneció al escucharme decir torpemente que me gustaba, me dio un beso y se fue.

Fuimos al malecón de Miraflores, de noche y con cervezas. Nos recostamos a ver la noche nublada y húmeda, nos besamos sobre el pasto y nos contamos cosas.

Mientras iba hablando, me iba dando cuenta de lo poco que teníamos en común, de lo divergentes de nuestras visiones, de lo alejados que estábamos.

Ella debió sentir lo mismo.

En un intento por mantener aunque sea la parte física viva, empecé a soltar, como una cascada, detalles de mis relaciones, de mis trabajos, de mis proyectos y de mi vida sexual.

Y hasta allí llegue, unos besos, una paleteada, nada más… hasta aquí llegaste, finito, hits o ver, me dijo… al menos tuvo el tino de esperar a la mañana siguiente.

Luego de eso me di por vencido, a veces visitaba a una amiga a la que le gustaban los halagos y yo, casi sin convicción se los soltaba.

Ella me llamaba para comer y yo acudía, la piropeaba evidentemente, pero hacía rato que no esperaba nada. Había adoptado la posición paciente de quien espera que la frute madure sin podrirse y que caiga del árbol naturalmente.

Revelación #6

Every dog has its day

Estaba harto del insano ejercicio que suponía cebar a una chica y esperar que mágicamente me abriera las puertas de su cuarto (por decirlo de una manera). Había tocado fondo y me arrastraba como una lombriz sobre la tierra húmeda.

Sin trabajo, sin distracciones más que uno que otro encargo temporal que dejaba suficiente dinero como para comer y beber, fumar y viajar en transporte público, llego… Con un sonido y en forma de mensaje de Facebook.

“Hola ¿Cómo estás?”, me dijo, y una fuerza invisible me impulsó a responder.

Ya había visto sus fotos, leído sus posts, me había fijado en quienes eran sus amigos, tenía una idea de su gusto en música y me había hecho un bosquejo de su sentido del humor, la había stalkeado superficialmente por meses, desde el momento en que me llego su solicitud de amistad (cerca de un año antes).

Al principio, dude de sus intenciones, pensé que quería venderme algo o que le diera like al video viral de la sobrina del abuelo del primo de su amiga a la cual no veía hacia años, pero de la que guardaba buenos recuerdos, pensé que quería sacarme información de algún tipo, incluso pensé que era un tipo hablándome desde un perfil falso que quería que le enviara fotos mías para después extorsionarme con ellas.

Pero resulto ser real.

Pasaron los días y hablamos más y más, sobre música, libros, comidas favoritas, cualquier tema parecía fácil y de pronto los chats se hicieron más constantes, más largos, más profundos.

Al cabo de unas semanas, al enterarse de que CocoRosie venía a la ciudad me pregunto que necesitaría para venir desde su país (así es, vive en otro país, uno diferente al mío, pero cercano) y luego de explicarle, entre líneas, comprendimos nos gustábamos.

Chat, llamadas por internet y Skype fueron nuestros canales y nuestra conversación continua, el plan del concierto se agrio, pero nuevos planes afloraron de entre nuestros sueños.

Lo que viene después es difícil de explicar, no podría decir en qué momento surgió ni como, quien fue el primero ni que razones lo impulsaron pero nos enamoramos.

Hace una semana estuvo aquí, todos mis nervios se tensaron al verla en la estación de buses, mi mente se vació en un instante, y en ese vacío total, la abrace por primera vez.

Compartimos el taxi y, con risitas nerviosas, tratamos de disipar nuestros temores. De pronto, lo intangible se había vuelto tangible, lo etéreo en material, lo virtual en real.

Mi corazón latía con fuerza al hacer el check -in en el hotel, al dejar las maletas en el cuarto. En todo momento esperaba escuchar las palabras “creo que esto no fue una buena idea”.

Pero no paso, ella se acercó y me beso, me dijo al oído que estaba feliz de verme y me abrazo.

El miedo se disipo, junto con las palpitaciones y la náusea.

Revelación Final (de verdad)

Vale la pena esperar

Estoy parado en la estación de buses y no sé si reír o llorar, doy vueltas como perdido mientras que el bus que la aleja de mí arranca motores y empieza el periplo de un día hasta la frontera, donde su madre la esperara.

Mi cabeza es un nudo, siento tanto amor que me es difícil contener las lágrimas de felicidad y tristeza mezcladas después de una semana intensa y hermosa.

No estoy aquí para revelar detalles como la última vez, me prometo a mí mismo mientras escribo esto, y lo hago.

Pero al final, creo que pueden imaginar lo que sucedió…

Al final, pase más de un año sin sexo, pero en vez en mi camino encontré amor.

Fin (de una vez por todas)

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