IV. Mañana

Esa noche, Catalina me acompañó a mi apartamento.

Me gustaría decir que después de tener sexo nos enamoramos. Que ahora escribo esto junto a ella y tenemos un apartamento.

Pero no fue así. La verdad no supe de ella después de esa noche.

Sentí que no esperaba nada de mí, y yo no esperaba nada de ella. Simplemente disfrutamos la compañía supongo.

Y con el despertador de mi celular llegó la realidad. Ninguno estaba listo para una relación, ninguno quería nada de eso.

Eramos 2 personas muy solas que querían estarlo un poco menos.

Hablamos de volver a salir esa mañana.

Hace un tiempo supe que había retomado su compromiso con su novio director de cine. Viajan por Alemania, de nuevo.

Él está haciendo un documental sobre el cambio climático. Ella será ingeniera.

Yo aprecio esa noche en la que por un momento no dudé de mí. Me gusta pensar que ella también la recuerda con una sonrisa.

Menos amarga. Más comprensiva.

Se sentía como la madrugada, prometedora.

Me gusta pensar que le gusté. Se que ella me gustó.

Y luego de nuevo la soledad. Pero era una soledad distinta.

Menos amarga. Más comprensiva.

Se sentía como la madrugada, prometedora.


Hace poco renuncié a mi trabajo. Compré una cámara con la liquidación.

El lente brilla con todos los colores, como si estuviera lleno de historias por contar.

Cata es como uno de esos colores en el lente, efímera pero real.

¿Cómo puede un encuentro tan breve ser tan importante?

¿Cómo es que un nombre significa tanto?

Como brillan las estrellas cuando amanece.

-fin-