El Carretón de la Nación.

Por estos días he visto a muchos cubanos “envolverse en la bandera”, cualquiera que estos defiendan, luego de las declaraciones del Presidente Donald Trump en el Teatro Manuel Artime de la Pequeña Habana. He visto mucho extremismo y me ha preocupado. Yo tengo la convicción de que los extremismos son muy dañinos. A lo largo de mi corta vida he visto a muchos sufrir por actitudes extremistas y en algún momento las he sufrido también. Siempre que puedo, recomiendo a mis amigos y familiares alejarse de los extremos y de la intolerancia, recomiendo además ponerse en el lugar del otro y analizar sus motivos. Estas recomendaciones también me las hago a mí mismo, creo que es saludable que uno de vez en cuando revise si se está volviendo un intolerante. La coherencia y evitar los dobles discursos puede convertirse en una de las mejores vías para alejarnos de las ideas y las actitudes extremas. Es saludable la crítica y disentir es la mejor manera de encontrar soluciones a los problemas, pero no es bueno incitar al odio y ahondar más los abismos que a veces no separan.

Nuestro país necesita una reconstrucción o más bien concluir ese ensamblaje que hemos dejado inconcluso una y otra vez, desde que nos convertimos en una nación independiente. La Cuba del mañana la vamos a construir, como nos recomendó Martí, todos: Los comunistas; los liberales; los conservadores; los homosexuales, las lesbianas; los trans; los fanáticos religiosos; los descendientes de Carlos Manuel de Céspedes; de Antonio Maceo; de Tomás Estrada Palma; de José Miguel Gómez; los de Batista; los de Grau, los de Artime; los de Nemesia (flor carbonera); los de Posada Carriles, los de Ángel Castro; los de Ernesto Guevara; los de Oswaldo Payá; los hijos y los nietos de los que se fueron en los 60s, 70s, 80s, 90s con un boleto solo de ida y perdieron todas sus pertenencias; los hijos y los nietos de los que se quedaron y estudiaron en Europa y salieron de la pobreza y dejaron de vivir en cuarto de un solar y luego también se fueron; los hijos y los nietos de los que durmieron en un mismo colchón durante medio siglo; los hijos y los nietos de los que les asignaban colchones anuales por el cargo que ocupaban; los hijos y los nietos de los “militares empresarios”, los hijos y los nietos de los que llevan años viviendo en albergues para evacuados de tiempos de huracán. Esta lista puede ser tan larga como diversa es nuestra sociedad.

Yo tuve la posibilidad de conocer a un señor que estuvo en Playa Girón “defendiendo a Cuba del Imperialismo” y a otro que estuvo a punto de ir a Bahía de Cochinos “a liberar a Cuba del Comunismo”. Al primero lo conocí hace muchos años en Santiago de Cuba y al segundo en Miami la primera vez que visité Estados Unidos. Ambos me contaron historias de vidas, de sufrimientos, de odios que me ayudaron a comprender las complejidades de nuestra historia reciente.

Cuba y los cubanos somos todo eso y con eso tenemos que lidiar. Se puede discrepar y ser enérgico, pero sin quitarle a nadie, por muchas diferencias que tengamos, el derecho a ser cubano y pensar el país a su manera.

Para empujar el carretón de la Nación necesitaremos muchas, muchísimas manos.