Post-coital

Camino desnuda desde su cuarto hasta el living. Reconozco un vaso de coca por la mitad que dejé hace un par de horitas antes de irnos a coger. Voy al sillón. Me siento con todo el esfuerzo del mundo, despacio y de a cuotas. El sillón me absorbe y no me puedo mover. Quedé de cama, sin fuerzas. Me auto-siento por dentro y estoy toda desordenada. Su pija se siente cada vez más grande. Es increíble. Me tiemblan las piernas. Parada eran de manteca, sentada no las siento. Hoy pasé un umbral de dolor que no conocía. Me rompí, soy optimista y digo que buena manera, o al menos eso creo.

Su gata me siguió desde el cuarto y mira desde lejos como pidiendo permiso para subirse encima de mis piernas. Descruzo los brazos y le dejo la vía libre para subirse. Mide la distancia y pega saltito para aterrizar entre mis piernas. Le paso los dedos por la mollera y queda rendida a mi tacto. Con la mano que me quedó libre me toco la cara, inspecciono y me acaricio los restos de acabada seca. Miro por la ventana y me tildo con la vista al parque, que tiempo después iba a ser nuestra vista. Me duele el moflete derecho, lo tengo más calentito que el otro. Me acuerdo de los bifes de pija que me estuvo dando hasta hace un ratito, el izquierdo zafó. Me cuesta gesticular. Abro la mandíbula, muevo de un lado al otro, no cede. Me duele todo y el agotamiento no ayuda. Estas cogidas me chupan vida. No entiendo si es bueno o malo.
 
 ¿El sexo tiene que ser así? No llega a ser autodestructivo pero el después no es tan placentero físicamente. Y dudo que eso esté bien. Estoy tocando un fondo que no conozco. ¿Es un fondo o es un tope? Pienso que esto no lo voy a poder mantener, hank hace doler, hace doler porque él coge así, coge con bronca, no maltrata pero un poco denigra, coge con algo que no muestra cuando no estamos cogiendo. Es bueno, pero cogiendo se saca, pero se saca mal. Siempre pregunta si me está lastimando ¿Lo sabe? Me da miedo, me da miedo pero me entrego de todas formas, no suelo parar por miedo.

“Hey, estás bien?” se escucha que pregunta desde el cuarto. Acaricio a la gata, no quiero ni mover los labios. Lo veo venir desde el pasillo y lo recibo con una sonrisa y los ojos cerrados de agotamiento o de “no quiero que veas lo que estoy pensando”, es muy instantáneo. La gata lo mira. Lo miramos las dos. “Nunca pegó tanta onda con ninguna mina, sabías?, ni siquiera con mi ex”. Se sienta al lado mío en el sillón. Me apoyo sobre su hombro, me da un beso en la coronilla. Bostezo. “Me dejás de cama”, “Yo te dejo de cama? Yo no hago nada, acá la que me coge sos vos”. No entiendo. Y lo dejo pasar.

¿Quién coge a quién?


Originally published at nosdaculpita.blogspot.com.ar.

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