La brevedad de mi noche sin sueño

…Así que creí tener control de lo sucedido, y sucedió que no hay control ni ilusión, sino la agilidad del mono que se oculta entre las copas de los árboles remitiéndose a sólo escuchar lo que pasa abajo. Pero, entonces nació otro capricho, que se retorcía y pataleaba, con él, murió el anterior y en esa secesión de deseos naciste tú y tú, y probablemente todas las personas heridas este año, y lo siento profundamente, de verdad, marcado como carne de caballo y vendido como ternera suave, sin embargo, al paladar sabe a un igual, bien podría ser humano, pero no lo soy, no hoy que tengo la renuncia a todo lo que he hecho y el futuro menguante se transpira tan hediondo.

No hay nada que detenga esta noche sin sueños, espalda.
No tuve más opción y supe entonces cómo la epifanía más amarga llegaba como el frío; lento y susurrante hacia los huesos, pero sabiendo aún y como los muertos que tienen ese algo que les hace parecer más que vaciedad, supe creer estar lleno, creciendo por entre las protecciones de las ventanas como las plantas esas que tanto quiere matar la gente, igualmente desvanecido, pero rey de todos los momentos agrios que la humanidad interior guardaba con recelo.

Creciste en mí como las cosas que no se mencionan pero tienen un lugar en todo lo sabio, espantado, porqué a nadie se le da eso; el don de lamer la carne abierta y hablarle, contarle que la suciedad le llega y puede o no infectarle, advirtiendo las nuevas malas rachas. Ese miedo del que tu madre no te advierte y te toma con los pantalones bajos.