Narraciones para nada extraordinarias

El sol salió, no sabría distinguir si brillaba con mayor o menor intensidad, ya era tarde para preocuparme por eso pero fue la forma más sosa que tuvo el destino de recordarme el mañana. La esencia del día tenia sabor a resaca, sin mareos y asco, el desayuno sabia a lo mismo, no lo había notado.

Las multitudes todavía estaban donde siempre, los rostros eran los mismos y las manecillas se escurrían como el círculo vicioso constante. Entre empujones y prisas el tiempo hacia marcar el hueco en el estomago. Acerque mi silla para encajabarla en la rutina, por eso la comida de afuera tenia el mismo sabor que la de cada mañana.

Puede que nadie se haya dado cuenta, pero el humo del cigarro arrastro la nostalgia.

La rotación solo alejaba nuestros cuerpos o lo que quedaba de ellos. No hay distancia más larga que el tiempo. Así, al final de un día como tantos, tenian que venir algunos otros, porque después de que te fuiste, continua todo.