Sobre grietas y fortalezas

Nicolás Pinzón Guerrero
Apr 2 · 5 min read

El problema con las teorías del éxito es que tienden a deshumanizarse. Entonces uno pasa diariamente por titulares como “El secreto del éxito es dormir 8 horas”, “Los 7 tips para tener rutinas mañaneras ganadoras” o “Los 3 hábitos que potencializarán tu productividad”. Después uno se encuentra con gurús que intentan revelar verdades absolutas, y de la nada aparece algún video de un personaje con la clave para ser millonario.

Y algo de cierto tendrán, tal vez. Pero al centrarse principalmente en el resultado — mostrando cuántos carros y cruceros por el Caribe puedo comprar—, los conceptos se difuminan y se pierden. Por tal motivo escribir sobre temas como el que pretendo tratar se vuelve particularmente difícil. No por ello dejan de ser temas de suma relevancia, así que acá voy.

Una pregunta frecuente en los ambientes que analizan temas de liderazgo y desarrollo profesional es cómo crear equipos. Desde un grupo de trabajo universitario, pasando por un equipo de fútbol y terminando en un cuarteto de jazz. Una teoría en este ámbito que cada vez suma más fuerza se puede resumir de esta manera: es buena estrategia enfocar la energía en las fortalezas, ya que las debilidades se apalancan con el trabajo en equipo. Es decir que en vez de dedicarse a tapar grietas, parece que es un buen consejo potenciar fortalezas. Esto, siempre y cuando esas grietas sean tapadas con un equipo conformado por distintos tipos de talentos y habilidades.

Es así como nace el titular “Enfocarse en las fortalezas es la clave para hacer de tu negocio una empresa exponencial”. Y creo que hasta estoy un poco de acuerdo. Pero la sustancia que hay detrás de esto requiere mayor profundización porque, sin duda, toca las fibras más humanas.

Enfocarse en las fortalezas debe ser, principalmente, un acto de humildad. No podemos ser buenos en todo y no podemos tapar todas las grietas. Es fundamental saber delegar y buscar complementos-aliados-equipos. La imagen que más me gusta para ejemplificar el tema es el ya mencionado cuarteto de jazz — piano, contrabajo, batería y trompeta — . Roles independientes y resultados conjuntos. La idea sobre la cual cada miembro aporta su habilidad específica para lograr el sonido perfecto, el resultado esperado.

Tangencial a la imagen de este cuarteto de jazz hay características de trabajo en equipo que se deben resaltar. Se puede pensar, por ejemplo, en la necesidad de la creatividad de cada miembro, el valor de la adaptabilidad, lo fundamental de darle un espacio de brillar a cada integrante, o la clave en saber escuchar para lograr coordinación. Uno se imagina, así, el solo del contrabajista que normalmente parece opacado por la melodía intensa del trompetista. Y es que este ejemplo romántico realmente es aplicable para cualquier equipo de trabajo.

En efecto, Jack Ma, fundador de Alibaba, suele decir que el valor agregado de su empresa fue buscar que sus empleados aportaran a tal punto que se volvieran mejor que él. El reto, dice Jack Ma, fue lograr que las grandes cabezas trabajaran para un propósito común, dejando atrás los egos personales. Así mismo, Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, tuvo claro que “no importa qué tan brillante sea uno o su estrategia. Si se juega el juego solo, siempre se perderá frente a un equipo”.

Richard Branson también ha entendido la importancia de pensar primero en el equipo antes que en los resultados inmediatos. Es por eso que constantemente hace relucir su famosa frase “primeros hay que pensar en el equipo de trabajo, después en los clientes y por último en los accionistas”.

Aparte de la humildad que se debe tener para crear equipos y que cada uno se enfoque en sus fortalezas, hay otra característica poco explorada en esta teoría: la confianza. La confianza real. La confianza en la cual cada miembro entiende el propósito por el cual hacen lo que hacen. La confianza en donde cada integrante mira las situaciones con perspectiva — actuando micro y pensando en macro — .

Simon Sinek lleva la confianza en los equipos a un extremo de optimismo puro. Él dice que los líderes de un equipo no deben buscar que su equipo cumpla normas, debe buscar que su equipo sepa cuándo incumplirlas. Detrás de esta idea está la toma de riesgos: saber que si se toma un riesgo, el equipo va a estar listo para defenderlo y, si es el caso, subsanar el error. Esto tiene una conclusión interesante y es que sin humildad y sin confianza la toma de riesgos es poco probable en cualquier equipo.

Si no hay confianza para opinar y dar nuevas ideas, se pierde la perspectiva y el propósito. Se pierde la posibilidad de pensar por fuera de la caja y darle un impulso a la ejecución de nuevos proyectos. Se pierde, en últimas, la creatividad. Sin esta confianza, el contrabajista del cuarteto de jazz no le va a dar un giro a su improvisación. Pensará que si sale mal, el error será sólo suyo. Por el contrario, si tiene la confianza de asumir el riesgo, tendrá la convicción que la banda de la que hace parte lo va a respaldar y seguirá abriéndole puertas para nuevas oportunidades.

Y esto último lleva a un tercer elemento en la teoría de las fortalezas, el cual es algo contradictorio. La realidad es que pocas veces sabemos cuáles son nuestras fortalezas. Entonces no tiene ningún sentido enfocarnos en las fortalezas si no sabemos cuáles son en la práctica. Y ahí es donde radica la importancia de los dos elementos anteriores — la humildad y la confianza — . Sólo con esto en mente, creando equipo donde la confianza sea un pilar, es posible que cada miembro entienda y desarrolle sus fortalezas.

Lo cierto es que nunca sabremos con exactitud para qué somos buenos si no experimentamos constantemente. La curiosidad, entonces, es un elemento esencial en la construcción de equipos. Esa búsqueda constante y eterna de cómo puedo cada día aportar más. La humildad, bien entendida, debe ir siempre acompañada de unas ganas insaciables de crecimiento y aprendizaje constante. Esto sólo se logra cuando un equipo mantiene de la mejor manera en un ambiente de confianza.

Para terminar vuelvo a Jack Ma, quien da otro consejo interesante: “A los 20’s, trabaja con un buen jefe; a los 30’s arriésgate a hacer algo tú mismo; a los 40’s dedícate a hacer cosas en las que eres bueno; a los 50’s busca formas de educar a la siguiente generación; después de los 60’s disfruta a tus nietos”.

Jack Ma entiende que pasarán varios años de experimentación para saber en qué somos buenos. La invitación es que en cada etapa, eso sí, seamos humildes, logremos lazos de confianza y siempre mantengamos viva la curiosidad. Así, en vez de dedicarnos a tapar todas las grietas, será posible encontrar con esfuerzo y paciencia cómo podemos aportar más.