American Football: American Football (LP2)

El regreso de American Football es definitivamente para tirar cohetes, pero de una manera tenue.

Polyvinyl Record Co • 2016

El segundo disco homónimo de American Football de ninguna manera es una copia del primer, pero la banda de Illinois parece haber hecho todo lo posible para rendirle homenaje a su debut en 1999. Ya se trate de la portada del disco que imita al original, o nueve canciones de ambos discos, más o menos los 40 minutos que dura, o el hecho más evidente que los dos se titulan American Football, hubo una gran cantidad de indicios de que esto sería una remontada cuidadosa y que pudo ser difícil de conseguir.
 
El hecho más sorprendente de la banda es que existió durante sólo tres años, y encontró un culto de adoración sólo después de separarse, ahora la reunión para hacer sólo su segundo álbum casi dos décadas más tarde es el hecho de que la música en sí captura la sensación del primer disco a través de una extensión de tiempo. “Where Are We Now?” comienza con guitarras, ligeras y líneas delicadamente entregadas de Mike Kinsella que comienzan el registro maravillosamente. Y a medida que avanzan, American Football demuestra que su título se lleva a cabo correctamente.
 
La creación de un ambiente otoñal y melancólico, de guitarras en cascada y una sección de ritmo modesto engañosamente complejo, existen entre la alegría frágil (“Desire Gets in the Way” o “I’ve Been So Lost for So Long, por ejemplo) y la reconfortante melancolía (“Born to Lose” o “ Everyone Is Dressed Up”). Las alzas de armonías son clave en este caso, sobre todo en una canción como “ Give Me the Gun”, al dar a cada canción espacio para respirar al mismo tiempo suena como que están siendo tocados en una tranquila sala de estar silenciado por alfombras y mantas.
 
Y esas trompetas, no olvidemos esas trompetas.
 
En el sonido y en concepto, este segundo disco de American Football refleja una banda que henvejeció con gracia al recordar la sensación de su juventud. Hay una sensación de extravío y Weltschmerz en las letras de Kinsella, una angustia juvenil envalentonada por el paso del tiempo. Esto es, en esencia, la nostalgia y la práctica, y es prácticamente todo lo que los fans deseábamos. Hay que pensar que no son sólo gustan al público; hay algo caprichoso y deseable de manera innata, la idea de que se reúnen para revivir la sensación de días anteriores. E incluso si hay otros 17 años entre este y el próximo disco — o que no haya uno próximo —, no va a existir un segundo capítulo deseado intensamente que haga bien a su legado.

8/10
Por Rodrigo.