Bancate ese defecto

El sentimiento del vacío es de cierta forma inevitable. Aún peor, la opción se presenta como la más terrible. Porque después del todo, le sigue la nada; de modo que contra todo pronóstico vas a evitar esas extremidades. Aunque te es imposible no querer el todo aún sabiendo que corrés el peligro de caer al vacío. La mejor alternativa se presenta como ser equilibrado pero te frustrás cuando te das cuenta que no es tan fácil serlo. O por lo menos, vos todavía no lo encontraste. Mirá que probaste, eh. Pero no hay forma, nunca es suficiente. Siempre terminás en eso que te hace sentir monótono y chiquito. Con un nudo en el estómago molestandoté y recordandoteló constantemente. Después de varios fallidos, medio que te resignás a medias y ya lo esperás. Ni te sorprendés con los resultados, diría que hasta esperás el próximo cachetazo. Pero lo cierto es que nunca te acostumbrás. Porque sos difícil de roer y siempre tenés esa mínima fe de cambio. De resurgir cual Ave Fénix de todas las cenizas que te están consumiendo.

Vivís es esa banalidad que tanto criticás. Igual diría que lo peor es el público. Sí, totalmente, porque lo bueno es que sos sincero. No te mentís, no decís blanco por negro. Sabés la situación y la encarás con la frustración consciente. No la disfrazás y eso es lo que me gusta de vos, eso es lo único que te va a hacer salir del pozo. En cambio estos tipos que te digo, son todo lo contrario. Ellos son la viva imagen de la vulgaridad del hombre; caen a tu lado con cumplidos insulsos. Algunos hasta tienen el tupé de decirte que exigís demasiado y que, en realidad, lo que obtuviste estuvo bien; ¿Para qué querés más? Aquella es una de las cosas más extraordinarias que he escuchado a lo largo de mi vida. Le digo más, si alguna vez fue víctima de estas palabras, le ruego por favor trate de suprimirlas de su mente.

Porque no está bien, no pienses por un momento que estás en lo incorrecto. Querer algo y obtener otra cosa menor por resultado, cuando uno ha puesto tanto esfuerzo en lograrlo, no está bien. Y nunca ha de estarlo. No reduzcas tu expectativa por la superficialidad ajena. Después de todo, nunca olvides que la conformidad es otra forma de morir.

Rompiste tu integridad por un objetivo que anhelabas, que te desvelaba las noches, que te consumía por dentro y al final no lo conseguiste. Entonces fracasaste. No existe otra palabra para definir el resultado. Y eso, eso sí está bien, porque asumir nos hace avanzar. Porque te salva de la trivialidad cotidiana de muchos, aquellos que se resignan, que pierden sus pasiones el día que ven su fracaso como un logro. Quería algo e hice lo imposible por lograrlo, me abstuve de lo que pocos habrían hecho y no pude. Fracasé. Pero decilo, decilo que hace bien. Porque algún día se va a abrir esta trampa mortal pero hasta entonces llevarás en tu cara una sombra.

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