Periodistas, no nos creamos los bacanes

- Es una cinta didáctica. Entretiene, pero sobre todo informa y explica, los últimos minutos son más parecidos al resumen de una clase con mensajes inspiradores sobre la libertad de prensa, más que el cierre de una narración. Es un panfleto, positivo, pero panfleto al fin, hay que entender que no es una película para periodistas, sino concebida para una audiencia masiva, en un contexto adverso para la prensa, cuyo objetivo es educar, por ende lo que a mí me puede parecer obvio, sí puede tener un efecto en un público que no es periodista ni está discutiendo estos temas a diario. En una película de médicos como Patch Adams, uno es harto más indulgente con el panfleto y la moraleja, porque no es su ámbito, pero no creo que los médicos lo vean igual.

- No nos creamos el cuento. Una cosa es que Trump ha encuadrado a la prensa como oposición, lo que ha llevado a que los medios recobren su mística, que se vuelva a valorar el rol del Periodismo en una democracia y que el modelo de negocio de suscripciones esté funcionando en Estados Unidos (ojo con esto último, es una reacción al momento), pero para que algo se recobre, es porque se perdió.

Los periodistas en el trabajo rutinario se habían echado en los laureles y los medios tras la crisis de 2012, al cortar recursos cayeron en lógicas que mermaron la calidad, porque investigar y chequear es caro, tener periodistas volantes sin especializarse ni motivaciones de ascenso que sacan la nota del día y generan contenidos en función del clicbait es barato, y no parecía necesario hacer mucho más, sumado a los despidos de editores que sacrifican garantías de calidad, y a un periodismo de investigación pequeño y financiado por grants, que gana premios, pero que es consumido y reconocido principalmente por otros periodistas. Hoy van cinco periodistas a cubrir una pauta diaria del gobierno de Estados Unidos, porque no pueden confiar en sus autoridades, antes eso lo hacía uno.

Pero no nos las demos de bacanes, porque Spielberg nos hizo una película, no es que seamos héroes, porque no lo somos, nos ganamos un sueldo reporteando y contando las noticias. Es más bien una advertencia y un estimulo para no volver a dormirse en los laureles y un llamado a que los empresarios de medios sigan la mirada de Katharine Graham, comprometidos con su misión, las audiencias, la calidad y aporte al país.

- Ser periodista no es sinónimo de ser buena persona. Acá me refiero exclusivamente a cómo los presentan en la película, no a las personas que inspiraron los personajes. Los periodistas Ben Bradlee y Ben Badgikian, son ambiciosos, competitivos y obsesivos, están más urgidos por ganarle al New York Times y tener la exclusiva que por aportar a la democracia. Bradlee se permite malos tratos innecesarios a sus redactores y Badgikian no quiere escuchar razones cuando ya está satisfecho con su trabajo. No es gente particularmente admirable, pero es precisamente la ventaja de tener un sistema de medios competitivo en un marco de valores periodísticos entre los que está la fiscalización al poder, lo que canaliza esa competencia y ambición hacia un fin noble. Pero no confundir la nobleza del oficio con la nobleza personal.

Graham es la única que aparece en la película con las motivaciones claras, pero por el entorno machista que enfrenta, primero tiene que legitimar su posición como dueña para que la consideren como autoridad. Es el personaje que aporta la cordura y la altura de miras, porque no está en una posición que ambicionó, por ende, eso la libera de esa agenda y puede ver la situación con claridad. No es casualidad que en el afiche esté algunos peldaños más arriba que Bradlee.

- La película está magistralmente bien realizada, las actuaciones son todas de una calidad incuestionable, es un lujo el ritmo de los diálogos entre Meryl Streep y Tom Hanks, y hay una camada de secundarios talentosos que vienen de las series de TV como Bob Odenkirk (Better Call Saul), Sarah Paulson (American Horror Story), Alisson Brie (Mad Men) y Jesse Plemons (Black Mirror).
Las decisiones audiovisuales como las tomas de la sala de redacción filmadas con travelling para transmitir el nervio, el plano de composición perfecta de los diarios imprimiéndose mientras Graham y Bradlee conversan, y el guiño a Watergate que hermana la película con Todos los hombres del Presidente, son la garantía de tener a Steven Spielberg como director.

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MA in Journalism. Teacher at @fcomuc. Editor in Chief at @kmcero. Political and media analyst. My work at: www.nunezmussa.com

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Enrique Núñez Mussa

Enrique Núñez Mussa

MA in Journalism. Teacher at @fcomuc. Editor in Chief at @kmcero. Political and media analyst. My work at: www.nunezmussa.com