Los derechos (olvidados) del lector

Vivimos en un mundo en el que fácilmente podemos ser juzgados, no sólo por nuestras acciones, también por nuestros gustos, de ahí el origen de los guilty pleasures.

Tenemos gustos culposos musicales, televisivos, cinéfilos… pero también literarios y precisamente de éstos últimos son de los que quiero hablar: ¿En qué momento reconocer lo que nos gusta o no leer se volvió tabú?

Como muestra, recuerdo que cuando se volvió todo un fenómeno la saga Twilight o bien la trilogía Fifty Shades todo aquel que fuera visto leyendo aquellos libros (o que reconociera dicha acción) no se libraba de una verdadera cacería de brujas.

Pero incluso con “obras clásicas” algo parecido sucede, como ejemplo tengo la obra de Jane Austen Orgullo y prejuicio, lo leí para mi clase de literatura en la preparatoria. En cuanto lo veían en mis manos, algunos conocidos y amigos dijeron “es un libro para mujeres ¿por qué lo lees?” ¿Es en serio?

Al perecer alguien se dio cuenta de los problemas que podían presentar los lectores, y esa persona fue el escritor francés Daniel Pennac quién publicó Comme un roman (1992) en el que detalla un decálogo de los Derechos del lector:

1-Derecho a NO leer: Ninguna persona debe ser obligada a la lectura, sino que debe de ser una actividad de libre albedrío, para que ésta pueda ser gozosa.

2-Derecho a saltarse páginas

3-Derecho a no terminar el libro

4-Derecho a releer: El acto de releer nos brinda la oportunidad de aumentar nuestra comprensión de la lectura, de ver cosas que no habíamos visto en la primera lectura.

5-Derecho a leer cualquier cosa

6-Derecho al Bovarismo: Esto viene de la novela Madame Bovary, y se refiere a la facilidad del lector para satisfacer los placeres bibliófilos, es decir, leer lo que a uno le gusta.

7-Derecho a leer en cualquier parte

8- Derecho a picotear: O en palabras más sencillas, el derecho a hojear los libros.

9-Derecho a leer en voz alta

10- Derecho a callarnos: Daniel Pennac dice en su libro: “Nuestras razones para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir”. Esto es que la lectura puede llegar a ser un momento íntimo y nadie está facultado para pedirnos cuenta sobre qué o cómo leemos.

Leer es algo maravilloso y existen suficientes razones para amar la lectura, no dejemos que los prejuicios nos quiten los ánimos de seguir leyendo o bien, de ocultar lo que leemos.

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