Los EpiPens salvan vidas. Si cuestan demasiado, niños morirán.

Por Chirlane McCray, Primera Dama de NYC
(de WASHINGTON POST)

https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/08/25/epipens-save-lives-if-they-cost-too-much-kids-will-die/

Soy alérgica a los frutos secos. Para mí, un poquitito — dígase, media semilla de cajuil — en productos de panaderías, salsas o un batido podría poner mi vida en riesgo. Y mi hija Chiara reacciona de la misma manera al maní. Mi alergista dice que ambas deberíamos llevar siempre un EpiPen. Con una pinchada en el muslo, estos dispositivos — que parecen lapiceros regordetes — proveen una dosis vital de la hormona epinefrina, que puede revertir rápidamente los síntomas de una reacción alérgica potencialmente mortal.
 
Hasta hace poco, cada EpiPen podía costar $100 o más, un precio que considero alto. Luego entendí el costo de no tener uno.
 
Sin embargo, la empresa farmacéutica Mylan logró un monopolio casi total del dispositivo en 2007. En los últimos años, la compañía usó su nuevo poder para aumentar el precio de los EpiPens más de 400%. Porque podía. Ahora, muchas familias tendrán que hacer sacrificios enormes para gorronear hasta más de $500 por año (los EpiPens tienen fecha de vencimiento). Y algunos niños tendrán que volver a clases sin esta medicina porque sus familias no pueden costearla. Eso es inadmisible.
 
Los EpiPens sólo vienen en paquetes de dos unidades. Si usted tiene un buen seguro, es posible que su póliza cubra la mayor parte del costo. Pero las personas con deducibles altos o sin seguro quedan desamparadas.
 
Unos 15 millones de estadounidenses son alérgicos a alimentos, según el grupo Food, Allergy, Research and Education (FARE). Cada 3 minutos, una persona llega a una sala de emergencia por una reacción alérgica — unas 200,000 consultas por año. Estudios muestran además que las alergias de niños a alimentos crecieron 50% en la última década. Esta condición potencialmente mortal afecta a 1 de cada 13 niños menores de 18 años.
 
En Nueva York, donde vivo, unas 170,000 personas sufrirán anafilaxis — una reacción alérgica severa — por lo menos una vez en sus vidas. Los niños de 5 a 17 años tienen una probabilidad 2.4 veces mayor que los adultos de llegar a salas de urgencias por una alergia a alimentos. Y para los menores de 4 años, el riesgo es aun casi dos veces mayor. De hecho, en Ciudad de Nueva York hay un promedio de 325 visitas a salas de urgencias y 5 muertes anuales por anafilaxis. El Departamento de Salud (DOHMH, en inglés) estima que más de la mitad de estas muertes podrían ser evitadas si las personas con alergias a alimentos conocidas tuvieran un EpiPen y fueran entrenadas para usarlo.
 
En 2015, Mylan fabricó casi 90% de los autoinyectores de epinefrina recetados en Estados Unidos. Un portavoz dijo a NBC que el costo “ha cambiado con el tiempo pare reflejar mejor importantes características del producto y el beneficio que producto provee”.
 
La empresa ofrece una Tarjeta de ahorros y un Programa de ayuda para pacientes de EpiPen, un tipo de descuento para ayudar a compensar parte del costo de pacientes “calificados”. Estas son pequeñas medidas convenientes para los que dependen del producto. Mientras tanto, el salario y el bono del CEO de Mylan creció 671% desde 2007, y otros altos ejecutivos obtuvieron grandes aumentos de salarios el año pasado. ¿No es esta una clara señal de avaricia?
 
Las alergias afectan a familias. ¿Cómo puede una familia en aprietos financieros arreglárselas si más de un miembro tiene una alergia severa? Donde las familias sufren una aflicción compartida que amenaza la respiración y la circulación, Mylan sólo ve su lucro.
 
En mi infancia, los EpiPens no existían, así que aprendí temprano cómo protegerme mejor. Comía en casa siempre que fuera posible. Cuando comía afuera, tenía sumo cuidado: Usualmente no comía nada si no estaba 100% segura de los ingredientes, incluyendo comidas frescas o empacadas. Una vez compré una galletita de chips de chocolate supuestamente sin frutos secos, y pasé el resto del día terriblemente enferma. Cuando se trata de comida, soy una adulta perfectamente capaz de tomar decisiones inteligentes.
 
Pero nadie puede protegerse totalmente de una picada de abeja, avispa o avispón — otros alérgenos comunes. ¿Qué tal un niño de 6 años cuya familia no puede costear un EpiPen? ¿Deberíamos esperar que rechace cada galletita dudosa o pueda evitar una picadura? ¿Podemos confiar que lo haga?
 
Comprendo que Mylan es un negocio, y los negocios necesitan tener ganancias. Pero, ¿cuál es la justificación para especular con el precio de una medicina que salva vidas? La respuesta es sencilla: No hay ninguna.

Chirlane McCray es la Primera dama de la Ciudad de Nueva York y la fuerza impulsora detrás de ThriveNYC, el plan de la Ciudad de $850 millones para cambiar la forma en que los neoyorquinos piensan acerca de su salud mental y reciben servicios de la Ciudad. Siga @Chirlane