Las buenas y malas ideas no existen

Metafóricamente no creo que las personas sean como un lienzo en blanco; a mi parecer somos como un cuaderno. Algunos cuadernos tienen rayas o cuadros de diferente tamaño. Otras personas tienen un espacio en la parte superior de cada hoja en la que ponen la fecha. Me gusta anhelar que las hojas de mi cuaderno estén (metafóricamente hablando) lo mejor diseñadas posibles.

El contenido del cuaderno, más allá del diseño dinámico de las hojas, está conformado por las decisiones que tomamos. Que tan bien ejecutadas son tus decisiones determina la calidad de éste. Habiendo dicho eso me hago la pregunta ¿qué rol juegan las ideas en toda esta metáfora del cuaderno?

Después de algunos meses de meditar esta pregunta, llegué a una conclusión. Las ideas son fantasmas de todo lo que escribes o dibujas en el cuaderno de tu vida.


Dejemos a un lado la metáfora del cuaderno. Todos hemos pensado: «¡Tengo esta sensacional idea!» Sólo que cuando la llevamos acabo no es tan buena como lo que teníamos en mente. A los que no somos dóciles en las artes, nos ocurre al intentar dibujar cualquier cosa.

¿El ser limitado por tu falta de habilidad física hace que tu idea sea menos buena? Por supuesto que no. Pero hay un sin fin de factores que contribuyen en determinar si tu idea es buena o no: La práctica que tienes, las herramientas que usaste, dónde, cuándo y a quiénes les mostraste la idea, etc.


Malas ideas mueren todos los días, cada minuto, no por ser malas, porque no lo son. Simplemente fueron mal ejecutadas. No se llevaron a cabo en el contexto adecuado, o les faltaba más investigación.

La única forma de saber si tu idea es buena o mala es hasta después de haberla ejecutado con el mayor conocimiento que puedas.