Contra la detención de Hebe de Bonafini

Reproducimos a continuación el mensaje circulado por la asociación ‘niunamenos’ a raíz del pedido de detención de la titular de la Asociación Madres de la Plaza de Mayo y referente de los Derechos Humanos en Argentina, Hebe de Bonafini. Si quieren adherirse al contenido de la carta, por favor manifiesten su intención a: niunamenosoficial@gmail.com

En 1977, un grupo de madres de detenidos-desaparecidos desafió al terrorismo de Estado. Se constituyeron como madres de Plaza de mayo. La democracia argentina no podría pensarse sin su valentía y su capacidad de decir que no. No al silencio, no a la muerte, no al poder. A veces tímida, otras arrogante, con balbuceos o con desafíos, fue constituyéndose la legitimidad democrática a partir de la condena al poder que surgía de los campos de concentración. Memoria, verdad y justicia fueron y son las demandas del movimiento social argentino. Militancias de todo tipo y color las abonaron. Desde la sociedad civil y desde el Estado.

En el 2003 el gobierno nacional reclamó una nueva legitimidad: pedir perdón por las acciones anteriores del Estado y declarar que la protesta social no podía ser criminalizada. El gobierno que asumió en diciembre de 2015 busca la inversión punto a punto de las medidas igualitaristas del momento anterior, mientras persiste en lo que aquel tenía de expansión de políticas de amparo al capital. Para sus políticas regresivas, que no cesan de expropiar recursos y derechos de los ciudadanos, apuestan a construir una nueva legitimidad. La de un nunca más a la corrupción y a la fiesta.

Construirla implica forjar una narración sobre el momento anterior y considerar los derechos como parte de un derroche y una impostura, y a las políticas de gobierno más avanzadas, las que implicaron construcción junto a organizaciones políticas y sociales, nuevas formas de militancia y de gestión social, como meras mascaradas para los tráficos ilegales de financiamiento. Cuentan, para hacerlo, con un formidable entramado de jueces venales, servicios de inteligencia activos y empresarios mediáticos que juegan su propio partido. De allí surgen relatos y narraciones, servidas a la mesa cotidiana de votantes y ciudadanos.

Interpelan su indignación mientras arrasan con sus derechos. Los empobrecen mientras les dicen que otros les roban. Los dejan sin trabajo mientras los acusan de haber sido gozosos en la fiesta. Una brutal reestructuración del país se lleva a cabo. No se privan de correr todo límite.

La quieren detener a Hebe de Bonafini, una de las mujeres que se animó a desafiar y denunciar al terrorismo de estado. La acusan de negocios espurios con fondos estatales. Tienen a su favor declaraciones dudosas y una maquinaria judicial sin escrúpulos. Quieren detenerla, como hicieron con Milagro Sala, como un acto ejemplar: mostrar que aquello que fundó nuestra trama democrática, el respeto por la potencia de un pueblo, la vocación militante, serían falsos. Milagro y Hebe son símbolos que se busca golpear, mujeres que proponen trayectorias biográficas ancladas en la lucha: Milagro, el tejido de una comunidad sobrepuesta al abandono histórico por empecinamiento del derecho a ser; Hebe, la madre que hizo político lo personal hasta lograr que la sociedad tomara como propia la idea de que la memoria y la verdad nos constituyen como pueblo y de que sin justicia la democracia es falsa.

El movimiento represivo intenta restañar las disciplinas sociales agrietadas y, a la vez, advertirnos de los riesgos de agrietarlas. Pedagogía de la barbarie judicial y mediática, pedagogía de la crueldad de una clase dominante que restablece su poder después de la victoria.

Somos hijas e hijos, nietas y nietos, amigos y amigas de esas mujeres. No permitamos el engaño. No dejemos que permee la conciencia de nuestros ciudadanos. Recordemos quiénes son esos jueces, esos periodistas y esos servicios de inteligencia. Los pilares que sostienen la democracia argentina están en juego. La democracia de la región lo está. Aun en este caso en que hubo un triunfo electoral, el gobierno actúa buscando la ruptura institucional. Jujuy fue el laboratorio, por eso la primera presa es Milagro. Hebe sería su culminación. La evidencia de que pudieron dar vuelta las hegemonías sociales y políticas enteramente. También en lo que esta sociedad recreó de formas y apuestas democráticas. No dejemos que eso ocurra.