Tributo a Playa del Carmen y la Riviera Maya

Mar y sol por más de un año. Una rutina de la cual no podría hartarme. Postales de colores en los cielos todos los días sin importar si estuviera Apolo o Artemisa en turno. Un espejo líquido que mostraba distintos tonos de azules, desde el índigo hasta el turquesa, pasando por varios tonos que incluso decidieron aparecer todas juntas en una laguna. Temperatura que provoca desinhibición para dejar una pasarela de 5 estrellas, donde chicos y chicas se encuentran con destilados que anuncian un delirio de pasión. Pasión que también encuentras en los distintos paisajes naturales y arquitectónicos que tanto la madre tierra y el ser humano crearon. Te he considerado mi segundo hogar ya que solo bienestar y tranquilidad le has dado a ese barco que estaba a la deriva en esa tempestad llamada vida. Esa vida con tormentas que parecían eternas y que sin embargo se calmaron con tu arena blanca y suave que amortigua caídas. Tus palmeras que mecen como una cuna arrullaron y durmieron mi tristeza para que el suave silbido del aire finalmente me despertara para que volviera a amar con mar y sol delante de mis ojos. Me he vuelto a amar, y con eso he podido volver a amar, entre ellos a ti mi caribe que tanto voy a extrañar.

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