NADA

Pienso:

quiero,

pero tengo nada.

Un nada vasto,

fecundo,

con lucecitas

y esas cosas que se cuelgan fuera de las casas

para invitarte a entrar.

Mi nada es cálido,

una invitación por café,

una carcajada honesta;

muchos granitos de polvo

de mirada atenta.

Nada es lo que ofrezco,

a cambio

tus ojos varados

rasgando mi pupila.

Mi nada es una hoja seca.