¿Y cómo usar el ‘storytelling’ en una exposición aburrida?

El storytelling está muy bien pero ¿qué pasa si tengo que escribir documentos o hacer una presentación con datos aburridos donde no hay forma de meter el storytelling?

Esa pregunta me la han hecho muchos asistentes a mis clases de storytelling para empresas.

En las empresas, storytelling lo que se dice storytelling se usa poco porque se piensa que no hay lugar para meterlo. ¿Cómo se cuenta un cuento cuando tienes que presentar un informe a tus jefes sobre el presupuesto de tu departamento del año que viene? ¿Qué storytelling tienen los informes de un director financiero o un auditor?

Los que plantean estas preguntas tienen mucha razón en estar cabreados porque quienes hablamos de storytelling somos periodistas que estamos acostumbrados a ese género. ¡Para nosotros tan fácil contar historias! Pero cuando tenemos que dar consejos a las empresas, nos encerramos en el storytelling sin dar más soluciones.

Creo, sin embargo, que puedo dar algo más por dos razones: provengo del periodismo económico, y por tanto, estoy acostumbrado a usar trucos para contar cuestiones económicas complejas. Y en segundo lugar, soy doctor en filosofía con una tesis basada en comparar los estilos literarios de dos filósofos tan opuestos como Platón y Wittgenstein. La filosofía como la economía está llena de abstracciones.

Cuando me encuentro con el caso de tener que mostrar cuestiones aburridas, suelo proponer el siguiente desafío: por favor, ¿podrías encontrar el conflicto en tu exposición? Al conflicto me refiero a la dificultad, el desafío o el problema.

Por ejemplo, si alguien va a presentar ante su jefe el presupuesto de su departamento, siempre hay un problema. Eso fue lo que le pregunté a una de mis alumnas, una directiva. Resultó que le habían recortado el presupuesto y el personal. Pero no los objetivos. Ahí estaba el problema, el conflicto, el drama. Tenía que hacer lo mismo con menos.

Le dije que tenía que empezar explicando el problema: cómo cumplir con los objetivos del año, teniendo menos dinero y menos personal. Ese era su storytelling. Ella había puesto el problema al final, tras exponer el presupuesto entero. Pero en las películas, el problema se plantea al principio, no al final. Es decir, no nos pasamos 90 minutos ante la pantalla viendo una familia feliz, para que en el minuto 91 le ocurra una tragedia a la madre. La tragedia se presenta en el minuto 5.

Cuando la persona entendió la idea, modificó su exposición y, sin meter más historias, funcionó mucho mejor.

En el caso de los financieros, siempre les propongo escribir una serie de sumarios antes de exhibir los gráficos en sus documentos o presentaciones.

Los sumarios son un recurso periodístico para hacer fácil la lectura. Son extractos del texto que, si se han escogido bien, ayudan a entender de qué va el artículo sin tener que leerlo.

Este sería un ejemplo:

Las ventas han caído un 70% debido a la debilidad del mercado latino.
Los beneficios son ficticios porque hemos vendido unos terrenos.
La empresa tiene un problema con la tesorería porque se está quedando sin dinero para los proveedores.

Quien atienda o lea esa exposición, se dará cuenta desde el principio que hay un problema. La idea es que el financiero proponga los pasos que se deben dar para resolver esos conflictos. Pero que proponga los conflictos al principio. Luego, los gráficos.

De storytelling, nada, dirán muchos. No es verdad. Es la estructura del storyteling, que consiste en plantear un drama ‘al principio’.

Si, además, se puede humanizar la exposición (escrita o con diapositivas), con historias personales, mucho mejor. Por ejemplo, quiénes componen el equipo, qué pretenden, cómo lo hacen.

Y si quien escribe o expone, dramatiza la situación en los primeros momentos, aumentará el nivel de atención de los demás.

Se llama suspense. Y sirve para exposiciones escritas o habladas.

(La foto de arriba la tomó Dave Gray durante una aburrida exposición de datos).