Un viaje sin destino en busca de la libertad

Inmigrantes en una lancha en aguas del Mediterráneo / ROUSSEL SAPYA MBIAKOP

Conocemos la historia de Roussel, quién llegó a España cruzando la vaya de Ceuta, nos adentramos en el campo de refugiados de Ritsona y hablamos con una de las principales organizaciones de ayuda a inmigrantes.

Desde hace tiempo atrás, las noticias sobre migraciones y refugiados no dejan de copar los medios de comunicación, ya sea en mayor o en menor medida, con mayor o menor repercusión. Se nos habla de todo tipo de desplazamientos, en su mayoría debido a causas forzosas y, tristemente, beligerantes, que empujan a grupos y comunidades enteras a tener que dejar atrás sus hogares, con la implicación innata e intrínseca que eso conlleva.

La Real Academia de la Lengua Española define la palabra migración como: ‘’Desplazamiento geográfico de individuos y grupos, generalmente por causas económicas y sociales.’’ Por otro lado, la Organización Internacional para las Migraciones define migrante como: cualquier persona que se desplaza o se ha desplazado a través de una frontera internacional o dentro de un país, fuera de su lugar habitual de residencia independientemente de: 1) su situación jurídica; 2) el carácter voluntario o involuntario del desplazamiento; 3) las causas del desplazamiento; o 4) la duración de su estancia.

Pero, ¿desde cuándo existe esta y por ende sus actores? ¿Cuáles han sido y son las causas más significativas a lo largo de la historia, para que este hecho no deje de repetirse? ¿Qué consecuencias acarrea? ¿Qué organismos estatales y no gubernamentales andan buscando una solución, si es que se requiere? ¿Es cierto pues, que las migraciones caracterizan la esencia y devenir del ser humano?

“Los desplazamientos y, por consiguiente, cambios de residencia de unos lares a otros han sido constantes desde la prehistoria. Nomadismos, invasiones, peregrinajes, expediciones comerciales y colonizaciones han construido el mundo que hoy conocemos.” (Abraham Alonso y Luis Otero — Revista Muy Interesante)

Hoy en día las migraciones transfronterizas se han situado en el foco de la opinión pública como nunca antes, constituyéndose un asunto de alta prioridad para algunos gobiernos y generando a su vez ciertas manifestaciones sociales en su contra. Por ello, las políticas públicas que intentan gestionar los flujos migratorios y sus consecuencias e implicaciones nunca han sido tan abundantes.

En España, la Comisión de Ayuda al Refugiado, una organización sin ánimo de lucro, realiza cada año, desde 2004, informes sobre la situación tanto en nuestro país como en Europa, sobre las diversas rutas y datos migratorios. Es interesante ver el cambio y la afluencia que han experimentado unas rutas frente a otras a lo largo de este siglo XXI, siendo la del mediterráneo central la más mortífera, año tras año.

Aunque, ya desde la antigüedad, el ser humano ha estado en constante tránsito geográfico. Los motivos son diversos y abundantes. Búsqueda de nuevas oportunidades económicas y laborales, desastres naturales o violación de los derechos humanos. En la actualidad, gran cantidad de personas viven en un país distinto al que nacieron. En 2017 el número de migrantes alcanzó la cifra de 258 millones, frente a los 173 millones de 2000.

Mientras que muchas personas escogen voluntariamente migrar, otras muchas tienen que migrar por necesidad. Según la ONU, aproximadamente 68 millones de personas se desplazan por la fuerza, entre los que se incluyen 25 millones de refugiados, 3 millones de solicitantes de asilo y más de 40 millones de desplazados internos.

Según el último informe de CEAR: En 2017, 31.120 personas solicitaron protección internacional en España. Es, con mucha diferencia, la cifra más elevada alcanzada en un año. Por primera vez, estuvimos entre los seis países de la Unión Europea que atendieron más solicitudes. y, aunque el Gobierno concedió el estatuto de refugiado a 595 personas (el dato más elevado desde 1994, en plena guerra de la ex Yugoslavia), nos preocupa mucho la sensible disminución del porcentaje de resoluciones positivas: si en 2016 el 67% de las personas cuyo expediente se resolvió lograron o bien el estatuto o bien la protección subsidiaria, el año pasado este porcentaje se redujo casi a la mitad, al 35%.

Y es que, la realidad para otros es bien distinta, y la situación en Ceuta y Melilla es buena prueba de ello. Son muchos los que, impulsados por la última esperanza de saborear esa nueva oportunidad, no sin antes haber realizado una peligrosa travesía, deciden poner en peligro sus vidas. Un claro ejemplo es el caso de Roussel, quien parte desde su ciudad natal Yaundé en Camerún y llega hasta Ceuta saltando la valla.

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La crisis de los refugiados es una realidad mundial que afecta actualmente a muchos países del mundo. Debido a varios factores como la inestabilidad política, económica y religiosa existente a día de hoy en los países árabes, donde no hay expectativas de futuro, no tienen capacidad de desarrollo y donde la población sufre terror diariamente.

Desde las manifestaciones de la Primavera árabe que comenzaron en diciembre de 2010, se han ido produciendo muchas revoluciones, terminando algunas de ellas en guerras civiles que están devastando a estos países. A principios de 2016 ya habían muerto más de 470.000 personas en la Guerra Civil de Siria, desde que empezó en marzo de 2011. Casi medio millón de muertos e innumerables heridos son una de las consecuencias de la batalla existente entre el gobierno de Bashar al Asad, el Estado islámico y el resto de grupos rebeldes, motivada también por el apoyo de las diferentes fuerzas externas como Estados Unidos u otros países europeos.

Este conflicto es en la actualidad el más difundido y conocido por todo el mundo, pero a él deberían sumarse otras graves situaciones que se están dando en distintos países árabes, como la guerra civil de Yemen, la de Afganistán, Libia, el conflicto entre Palestina e Israel, el desequilibrio en Irak, o un sin fin de tristes realidades más.

Hasta finales de 2016, más de 65 millones de personas han tenido que huir forzosamente de sus hogares, ya sean desplazados internos o desplazados en otros países. Actualmente hay 9 emergencias humanitarias de donde proceden la mayoría de los refugiados en el mundo, concentradas en dos regiones: Oriente Medio y África Subsahariana.

La situación geográfica del Mediterráneo es un punto clave en el mapa por el que cada año miles de personas se encuentran intentando atravesar los mares en barcas en busca de protección y de un futuro mejor lejos de las graves situaciones de sus países de origen. En los últimos cuatro años, más de un millón y medio de personas llegaron por el mar, de entre los cuales más de catorce mil murieron o desaparecieron entre las aguas.

En septiembre de 2015, el Consejo Europeo creó un importante plan de acogida y reubicación de refugiados debido a las grandes cantidades de personas que estaban llegando a Italia, Grecia y Hungría, donde los estados miembros aceptaron acoger a un número de refugiados e integrarlos en sus países. Según el sistema de cuotas establecido en Bruselas, a España le correspondía acoger a 16.231 pero al acabar el plazo de esta primera etapa del programa de reubicación, en septiembre de 2017, España solo había acogido a un 14% de lo prometido.

Grecia ha sido, por su cercanía a las zonas de conflicto, uno de los lugares con más afluencia de refugiados desde 2016. Allí han surgido numerosos campos de refugiados; un buen ejemplo puede ser el Campo de Ritsona, situado al sur del país y creado en una zona arbolada en Marzo de 2016, que fue declarado semi-permanente a finales de ese mismo año y que acoge a más de 700 personas procedentes principalmente de Siria, Irak y Afganistán.

En consecuencia es altamente necesaria la labor de una de las organizaciones con más recorrido e implicación en la gestión ordenada y humana de la migración; la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), encargada de promover la cooperación internacional y ayudar a encontrar soluciones prácticas a los problemas migratorios desde su creación en 1951. Además, con el objetivo de cuestionar los estereotipos contra los inmigrantes, ha generado plataformas para que éstos mismos puedan expresarse y dar a conocer su historia, un buen ejemplo es Soy Migrante.

Además de la OIM, existen numerosas ONGs — tanto a nivel nacional como internacional- empeñadas en esa labor de integración y ayuda humanitaria como pueden ser:

MÉDICOS SIN FRONTERAS (Suiza). Establecimiento de servicios de asistencia sanitaria en países pobres y suministro de cuidados médicos de emergencia.

OXFAM INTERNATIONAL (Reino Unido). Mitigación de la pobreza y alivio de la deuda externa.

WORLD VISION (Estados Unidos). Ayuda alimentaria y asistencia en emergencia.

ACCEM (España). Proporciona atención y acogida a las personas refugiadas e inmigrantes.

AOMI (España). Contribuye con proyectos e iniciativas que promueven nuevas oportunidades en el mercado laboral para las mujeres de nuestro país.

Cabe destacar la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Es una organización de acción voluntaria, humanitaria, plural y de carácter independiente. La comisión promueve el desarrollo integral de las personas refugiadas, apátridas y migrantes con necesidad de protección internacional y/o en riesgo de exclusión social, para lo que cuentan con el apoyo de ONGs, sindicatos y otras entidades.

Dado el contexto social actual hay que prestar especial atención a la realidad de la población inmigrante, y en concreto, a la realidad de una juventud inmigrante marcada por una situación muy diferente a la que tienen los jóvenes que han nacido en nuestro país. Si tuviéramos que definir en unas pequeñas líneas el contexto en el que nos movemos a la hora de hablar de inmigración, no hay que olvidar que partimos de una política y un marco legislativo y normativo, cuya inestabilidad, restricción y falta de eficacia en la gestión, han generado que parte de la población inmigrante viva en la irregularidad administrativa, con la consiguiente inseguridad y ausencia de derechos.

Para concretar, hablemos de los porcentajes establecidos por el Consejo de Juventud de España. Recibimos continuamente información alarmista respecto a la cantidad de inmigración en España, cuando lo cierto es que tan sólo el 4,73% de la población es inmigrante, cifra muy inferior al del resto de los países de la UE. Además hay que resaltar que el 29,9% de esta población es joven, y por lo tanto, en condiciones favorables para encontrar un trabajo.

Respecto a esto, es importante situar el marco político que rodea esta situación; una inminente ampliación de la UE, una posible aprobación de un Tratado Constitucional Europeo y unas elecciones al Parlamento Europeo muy cercanas. Siendo en 1950 reconocidos los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos miembros, en 1992 aprobado el tratado de Maastricht el Tratado que recoge «la libre circulación de las personas que se encuentren dentro del territorio de la Unión Europea» y adoptado el artículo 13 del Tratado Constitutivo de las Comunidades Europeas relativo a la igualdad de trato de las personas, independientemente su origen racial o étnico y al establecimiento de un marco general para la igualdad de trato en el empleo y la ocupación, resulta alarmante el resurgimiento de una extrema derecha con políticas anti-inmigración en un gran número de países constituyentes de la UE. De igual modo, no debemos olvidar el surgimiento de políticos como Jair Bolsonaro en Brasil o la victoria, hace ya casi dos años, de Donald Trump en EEUU y sus ideas de cercar el país con un muro.

En un momento en el que los esfuerzos deberían estar dirigidos a favorecer el intercambio de culturas, la convivencia y una sociedad rica en valores de acogida y diversidad, nos encontramos con un esfuerzo empeñado en expulsar a todas aquellas personas que huyen de sus países para salvar su vida y la de sus familiares.

Roussel, el Camerunés del que hemos hablado unas líneas más arriba, considera que es necesario hacer oír su historia, los momentos más duros de su travesía hasta Europa, las razones que tiene para llegar a cualquier lugar mejor a pesar de, en ocasiones, no ser bienvenido.

Los movimientos migratorios son consecuencia inevitable de la profunda injusticia que preside el reparto de bienes en un mundo imperfectamente globalizado, que condena a la miseria de millones de personas, cuya única esperanza es la huida de sus lugares de origen hacia el privilegiado primer mundo que continúa con su explotación.

Hablemos de posibles soluciones para que todo individuo tenga el derecho de vivir en su país y no tenga la necesidad de emigrar para escapar de un futuro incierto y de pobreza.

El primer mundo debería destinar más recursos a los países pobres, dotar de medicamentos a la población y que disfruten de necesidades básicas como es la comida y el agua, además de un trabajo, vivienda digna y educación consolidada.

Eliminar de sus instituciones la corrupción y la diferencia salarial que existe, pues es abismal la diferencia entre pobres y ricos, no existe la clase media.

Los problemas que plantea la recepción de esa ingente cantidad de personas son enormemente complejos, no susceptibles de soluciones simplistas, para mejorar debemos tachar de demagógico y reprobable la criminalización de los inmigrantes relacionando de forma genérica inmigración y delito, un mensaje simplista que oculta la evidencia de que la delincuencia — en el caso de que la haya — no es a causa de la inmigración, sino de la marginación y miseria que a veces conlleva, la que puede conducir al inmigrante al mundo de la delincuencia, ya sea como autor o como víctima, además de situarlo en un estado de debilidad social que lo transforma en presa fácil de explotación. Asumir como iguales al delincuente extranjero y al inmigrante en busca de trabajo es caer en un error altamente irresponsable.

El fenómeno de la inmigración y los problemas que conlleva, sólo pueden resolverse a través de la integración de los inmigrantes en la sociedad, mediante políticas sociales y normas que garanticen los derechos que la constitución les reconoce.

El primer mundo no debería de olvidar que en el pasado, muchos de nosotros fuimos los inmigrantes.