Recuperar la Argentina


Recuperar la Argentina demanda recuperar la República, y para ello es preciso recobrar los valores que hicieron del país, durante la primera parte del siglo XX, una nación de progreso y vanguardia, ante un mundo que nos miraba con respeto y como ejemplo digno a seguir para alcanzar mejores niveles de desarrollo humano.

Todo eso se logró con la plena vigencia del Estado de Derecho y el apego estricto a la división de poderes, rigiendo en plenitud la Constitución Nacional.

Esas fueron las condiciones que permitieron construir una nación con valores sociales que, además de los éticos y morales, priorizó el orden, la libertad, el respeto a la ley, a las jerarquías, y -en consecuencia- a la autoridad.

En suma, donde el imperio de la legalidad constituyó la base fundamental de su grandeza y donde el esfuerzo, el trabajo y la disciplina fueron valores que templaron el espíritu de una sociedad que se sentía hacedora de su propio destino sin depender para su progreso material y personal de la magnanimidad del gobernante de turno, que corrompe su dignidad y lo condiciona en su libertad.

¡Qué lejos estamos de lo que fuimos! ¿Dónde quedó el respeto a los demás, a los poderes, a los maestros, a la autoridad pública, a la ley, a la vida?

¿Y dónde quedó el respeto que el hombre se debe a sí mismo y, por extensión, a la sociedad?

Todo fue quedando en el camino, sembrado por la demagogia populista que malversó el alcance y el verdadero sentido de las garantías ciudadanas y de la autoridad con un discurso que sirvió al fin de manipular la justicia por el poder político.

La Argentina ha perdido el rumbo. Y lo ha perdido confundida por el falso mensaje facilista que homologa respeto al principio de autoridad con repulsión y vigencia del orden con criminalizar el reclamo y la protesta, cuando solo se trata de respeto a la ley.

A esto debe sumarse el incremento en el consumo de drogas y su tráfico, males causantes, entre otros, de la inseguridad ciudadana, que han convertido la vida en un bien despreciable y sin valor alguno, que además favorece el aumento del delito en las más diversas formas.

En ese contexto, ¿cómo se recupera la cultura del trabajo, del sacrificio y del crecimiento personal con tres generaciones de ciudadanos sometidos y acostumbrados a vivir de planes y otras prebendas administradas por sujetos que sirven al fin de adormecer la conciencia cívica para transformarlos en masas indolentes y sin voluntad?

El imperativo de la hora en esta Argentina anómica, que se viene deslizando lenta pero firmemente por el camino de la anarquía, es recuperar los valores señalados, comenzando por educar y formar al pueblo en estos valores, rechazando la demagogia facilista que lo halaga y corrompe.

Cuando los alumnos sean respetuosos, obedientes y disciplinados, los maestros vuelvan a ser guías de conocimiento y formadores de ciudadanos, los jueces y fiscales puedan hacer justicia con total libertad y la policía vuelva a ser respetada como autoridad en virtud de méritos ganados legítimamente nos habremos aproximado a lo que debemos ser.