Una defensa del extremismo

Hay personas que dicen que los extremismos NO son buenos. Sin embargo, no es tanto así; por supuesto, depende de que tipo de extremismos estemos hablando.

Cuando uno encuentra “las premisas ideológicas correctas” (que se note doblemente mi uso de comillas por favor) tiene el deber de ser un extremista. Pero cabe resaltar que lo “correcto” es siempre multi-perspectivo, no en un sentido superfluo o de “todo vale” sino en lo constitutivo del “ego absoluto”. Así que el extremismo más extremista eventualmente reconciliará y reconocerá en su seno a toda la miríada de extremismos del mundo.

Se podría decir que hay un extremismo que es tan extremista que es relativista en sus contornos y absolutista en su nucléolo. Ese extremismo reconoce que:

“Lo relativo es absoluto en su singularidad. Disoluto en su diversidad. Opositivo y disyuntivo en su dualidad. Y unificado e interincluido en su universo o multiverso conceptual”.

Y al reconocer esto, escapa de la disgregación del mundo moderno y no cae en los absolutismos ingenuos e idealistas de aquellos “extremismos”, que NO son tan extremistas al fin y al cabo, porque de serlo serían extremismos libertarios. Yo he llamado a mi extremismo, #lovextremism. ¿Tú estás dispuesto a darle un nombre a tu propio extremismo?

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