Vengo de un país

Onieva
Onieva
Sep 7, 2018 · 2 min read

Vengo de un país en el que no invitamos a cenar, sino a follar.

En el que nos abrazamos para evitar decirnos te quiero.

En el que si eres demasiado afectuoso,

corres el riesgo de ser sospechoso.

En el que triunfó Don Quijote frente a Amadís de Gaula,

pero es que que ya no nos representaba.

Un país de gente espontánea, muy directa y sarcástica,

que te dicen “el chocolate espeso y las cuentas claras”.

Un país de gente que inventó el esperpento para sentirse identificada,

que luce más en el desencanto y en en el regeneracionismo,

con un poquito de Larra y de Lazarillo.

En el que preferíamos galanes como Gabino Diego,

a “Princesas” frente a “Pretty Woman”.

Vengo de un país en el que las penas se curan con cañas y algo de escarnio

(pero no del malo),

en el que el corazón se desprecia para sentirnos más modernos.

En el que la gente no sabe si es pasional o racional,

en el que no se siente europea pero tampoco sabe dónde encajar.

Un país de “a jodarse y aguantarse”, que la vida es así y no la he inventado yo.

En el que los problemas siempre vienen de fuera,

pero es que ni queremos pensar en lo que tenemos dentro.

En el que hablar de introspección y espiritualidad es de excéntricos.

Por eso, cuando le hable sobre ti a alguien en mi país

y le diga que tú y yo debíamos encontrarnos y amarnos,

pero para reconstruirnos y no para quedarnos,

entonces, se reirá de mí y me llamará pardilla e ingenua,

porque aquí las cosas, me dirá,

así no se llevan, aquí las palabras bonitas no cuentan.

Solo espero que al menos la primera caña sí vaya por su cuenta.

    Onieva

    Written by

    Onieva

    Escribo tonterías y, de vez en cuando, algo serio. O viceversa.