Encuentro

Prendes un cigarro y esperas, te preguntas porqué las personas son tan impuntuales y agradeces.
Este tiempo es preciado.
¿Hace cuánto no estabas solo? Realmente solo. La gente pasa y observas, a lado de ti hay personas platicando y escuchas. ¿Por qué sus pláticas son tan banales? «¿Así serán las mías?» te preguntas. Sientes un vacío y mejor te pones los audífonos, ya no quieres escuchar. La música suena y ves tu alrededor, de repente tu vida tiene banda sonora y te sientes dentro de una película. Te agrada.
Te gusta enojarte con las personas impuntuales para luego darte cuenta que tú eres igual. Ves tu reloj, han pasado quince minutos; el cigarro se consumió y entre tus dedos queda sólo la colilla. Quieres otro, pero mejor esperas.
Alguien se acerca y te emocionas, te sonríe (¡sí a ti!) y tú sonríes. Un cosquilleo invade tu ser. «¿Por qué siento esto?» No le tomas mayor importancia y te pones de pie.
Se acercan, la sonrisa no se borra de tu rostro. Te quitas los audífonos y sientes cómo regresas a la vida real.
Te besa.
Le besas.
La espera valió la pena.
