Dejé de comer carne hace tres meses y esto fue lo que pasó

La alimentación es una de esas cosas que se ha vuelto tabú, cada quien tiene su forma de comer y a muchos no les gusta que se les diga o se les critique lo que se llevan a la boca. Algo sí es cierto, desde hace un tiempo vemos cómo se ha incrementado una concienciación colectiva que combina alimentación y salud, y es que somos lo que comemos, aunque a muchos no les guste asumirlo.

En julio de este año tuve una epifanía y decidí que era hora de experimentar con algo que había estado queriendo hacer durante mucho tiempo. Después de ver con mis ojos cómo un pequeño ternero era cruelmente sacrificado en carne viva mientras una lagrima caía sobre su mejilla, decidí que era hora de parar. De dejar de hacer algo que había estado haciendo toda mi vida. De quitar la carne de mi dieta.

Esto me llevo a investigar sobre las condiciones en las que frecuentemente estos animales viven antes de ser sacrificados — hacinados en espacios pequeños y sucios, llenos de lesiones sin tratar y sin acceso al aire libre — y decidí que no quería seguir contribuyendo al sufrimiento de otros seres vivos, que no había forma ética de hacerlo. Yo no sería capaz de poder matar a un animal con mis propias manos para llevarlo a mi mesa y éste simple argumento fue más que suficiente para decirme a mi mismo “es hora de parar”.

“Los animales son mis amigos … y yo no me como a mis amigos”. — George Bernard Shaw

De un día para otro sin titubear y sin excusas dejé la carne. No lo voy a negar, no fue tarea fácil, hubo momentos donde tuve que resistirme y tener una alta disciplina para no caer en la tentación y picar un pedazo crujiente de pollo. Sí, ese que te encuentras sin percatarte en casi cualquier plato y en cada esquina. Cuando te quitas la carne, tus peores monstruos y miedos comienzan a perseguirte: de repente comienzas a oler beicon en el metro, a notar los filetes en las tiendas, a observar lo que los otros se están llevando a la boca. De pronto ves una realidad aterradora, lo altamente carnívora que es nuestra sociedad y cómo estamos profundamente rodeados y atados a ella.

Cosas que noté al dejar de comer carne

Tengo más energía y duermo mejor

Puedo correr más kilómetros que antes, mantenerme despierto durante mucho más tiempo y recuperarme más rápido después de una tanda de ejercicios. Los beneficios son evidentes, y no me lo estoy inventando yo, un estudio demostró que los nitratos alimenticios en el zumo de la remolacha tenían beneficios vasculares, ayudaban a reducir la presión arterial e incluso mejoraban el rendimiento del ejercicio en personas sanas. Alimentos libres de grasa animal abren los vasos sanguíneos, permiten la capacidad de transportar más oxígeno a la sangre y tienen la capacidad de proveernos de mucha más energía. La carne tarda más tiempo en digerirse y esto conlleva a un desgaste de nuestras reservas energéticas.

Estoy menos inflamado y tengo mejor digestión

Estudios han demostrado que la carne es el mayor causante de inflamación intestinal y que esta puede conllevar ataques del corazón, artritis y diabetes tipo 2. Yo admito que desconocía esto, pero comencé a notar como mi tripa estaba menos inflamada. La razón detrás de este tipo de inflamaciones es que se ha demostrado que hay efectos microbianos positivos asociados con el abandono del consumo de animales y sus subproductos, incluida la reducción de patógenos dañinos y el aumento de los microorganismos protectores. Las dietas a base de plantas son naturalmente anti-inflamatorias, con alto contenido de fibra lo que permite una mejor digestión y un tránsito más regular. No más estreñimiento.

Mi piel luce mejor

Tu piel se ve inmediatamente beneficiada por el repentino consumo de vitaminas A, C y E presentes en frutas, vegetales y legumbres con altas propiedades antioxidantes. He notado cómo mi piel ha recuperado su brillo y color mejorando su tez.

Gasto menos dinero

La carne cuesta más en producir pues utiliza más recursos. Las frutas y verduras de temporada suelen ser más asequibles y también se conservan peor en estado fresco por lo que su precio suele bajar considerablemente cuando están a punto de caducar. Los granos y los frutos secos también nos aportan unos cuántos céntimos extra a nuestra billetera cuando los compramos en grandes cantidades.

Mi recetario se ha diversificado

Existe esta terrible noción que, al quitar la carne, nos quedaremos sin opciones para cocinar y esto es completamente mentira. He descubierto platos que ni siquiera me había imaginado, he comenzado a utilizar verduras en mi cocina en maneras que ni hubiera sospechado que existían. Hay todo un mundo entero por explorar y te invito a que tú también lo hagas.

Mantener una dieta balanceada y sana es responsabilidad y decisión de cada uno y cada quien come lo que le dé la gana. No te sugiero que elimines por completo la carne de tu dieta, ni pretendo hacerlo, pero sí te invito a que te atrevas a dejarla de un lado al menos una vez a la semana o varias veces por mes y ya vas a ver como te sentirás y te verás diferente. ¿Estás listo para el #VeggieChallenge?

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