A quienes se sacrifican por la libertad:

El día de ayer 22 de Junio la GNB asesinó con un arma larga desde muy cerca a un joven de 22 años, David Vallenilla. Para nuestra fortuna TODO quedó grabado, dejando muy poco a la imaginación. Pero, por favor, detengámonos un momento.

Tras ver unas decenas de veces el video –no por morbosidad, sino por la perplejidad que causa la asquerosa sangre fría del guardia que disparó– quedan varias cosas por reflexionar:

David Vallenilla, como muchos otros jóvenes, fue a la protesta harto de la ineptitud y los abusos de este gobierno, dispuesto a dar la vida por su país (y en esto último vamos a sincerarnos un poco). Desde el chavismo han deshumanizado a quienes se les oponen; para ellos, todo manifestante es un enfermo mental y/o un terrorista. “Tienen que entender que para nosotros todos ustedes son adversarios, enemigos” le escuché decir a un Mayor de la GNB a un General retirado amigo que trataba de mediar con el piquete de guardias en una manifestación. Para los guardias y los policías los manifestantes no somos sino un objetivo a eliminar. Ellos tienen armas, bombas, tanquetas, ballenas, escudos y armaduras; incontables horas de entrenamiento militar y una ideología en la cabeza que los ha llenado de odio y resentimiento contra todo aquél que sea civil y disienta del chavismo-madurismo. Ahora resulta que no sólo los entrenan para matar, sino que les alientan a robar, a perseguir, a violentar la propiedad privada y a disfrutar haciendo al otro “maldito guarimbero” sufrir y llorar desesperadamente hasta temer por su vida.

David, del otro lado del fusil –similar al caso de Neomar– no tenía un arma, ni un escudo, ni una armadura, ni siquiera un casco. Sólo un morral, un trapo para taparse de los gases, y en su mano una piedra. Una piedra… ¡Vaya! Seguro que se trataba de un arma mortal, como alega Reverol. Recordemos que hay un principio que rige mundialmente a las fuerzas de seguridad de un Estado, llamado ‘uso proporcional de la fuerza’. Pero en Venezuela lo que tenemos es un uso irracional de la fuerza. Se trata de una lucha desproporcionada y desigual, de fuerzas militares en contra de la sociedad civil desarmada.

Lo que quiero decirles, ya no a Reverol y sus FANB, para quienes no somos seres humanos, sino a ustedes venezolanos civiles, y muy especialmente a los jóvenes, es que ese principio aplica también para nosotros. Es decir, nosotros tenemos que dimensionar la lucha y comenzar a conocer bien nuestras propias fuerzas y el o los terrenos en que nos conviene dar la lucha. Esto es, sin medias tintas, comenzar a pensar estratégicamente y dar la pelea de forma inteligente. Van casi 90 días de protesta y nos han matado a 75 manifestantes. A algunos les alcanzó la muerte estando lejos de cualquier enfrentamiento, a otros les tocó, sin querer, quedar en medio del enfrentamiento y otros pocos formaban parte del enfrentamiento. Dolorosamente, éste último fue el caso de David y también el de Neomar hace apenas unos días. Señores, está claro que la orden de la GNB y la PNB es eliminarnos. Es momento de preguntarnos ¿queremos más muertes? ¿qué podemos hacer para evitar que en cada protesta nos maten a una persona? ¿podemos hacerlo mejor?

Sí, definitivamente podemos hacerlo mejor, y aquí –mala suerte o no– tienen mucha responsabilidad los líderes de la oposición, porque asumieron voluntariamente un rol en el que les toca guiar, planificar, armar estrategias y organizar las acciones de calle del ahora 80% de la sociedad civil, o al menos del 5% que protesta en la calle todos los días. Gajes del oficio le llaman, en los que no hay derecho a pataleo. Si algo nos diferencia del chavismo es que del lado civil la disidencia es una actividad propia, válida porque es crítica y autónoma.

Llamar a replantear la protesta, a re-direccionarla, no es un acto de desestimación, es un llamado legítimo a la sensatez y a la inteligencia.

No se puede luchar contra una dictadura teniendo criterios dictatoriales, sin escuchar al otro y omitiendo argumentos críticos bien fundados. Cada muerte es demasiado dolorosa, el costo ha sido demasiado alto y llegó el momento –aunque hace rato– de minimizar las pérdidas. La impotencia, la frustración, la rabia que despiertan la desmedida agresión de la GNB y la PNB son perfectamente comprensibles, humanas; pero no son las que deben guiar nuestras acciones. Si ellos nos piensan estratégica y militarmente a nosotros, nosotros necesitamos –nos guste o no– comenzar a pensarlos estratégicamente a ellos, más vale tarde que nunca.

No podemos continuar –y esto va con los líderes, pero sobretodo con la sociedad civilcapaz de organizarse– con los mismos métodos de protesta, una y otra vez, en los mismos puntos de concentración, las mismas rutas y las mismas horas, esto sólo nos llevará a los mismos resultados: brutal represión y muerte. Dimensionar la lucha significa darla en el terreno que nos es propio, dónde las pérdidas sean menores para nosotros y mayores para ellos. Dar la lucha no es nada más salir a la calle, hay muchos otros ámbitos en los que hay que trabajar simultáneamente. Si algo poderoso tiene la civilidad a su favor es que es múltiple, diversa, y por ello, creativa e incontenible. La sincronización de todas esas acciones políticas, económicas, físicas, en fin, sociales; son la clave para desarticular la guerra de la clase gobernante contra la mayoría de la población.

Dimensionar la pelea implica no perder de vista el objetivo principal y entender que la lucha no es contra un piquete, una tanqueta, o un funcionario uniformado, contra quienes, francamente, tenemos todas las de perder. El objetivo es socavar el poder del régimen, quebrar su coalición, crear las condiciones propicias para una transición.No es, –bajo ningún pretexto- lanzarnos contra agentes armados y desalmados que, a la mínima oportunidad, sin titubear,van a matarte. Una cosa es hacer uso del legítimo derecho a la defensa en una protesta pacífica y otra muy distinta es lanzar piedras o fuegos artificiales a una base militar o a un contingente de policías. De nuevo, apelemos al principio de la proporcionalidad de la fuerza, a la inteligencia. Nadie –en su sano juicio- pide a nuestros jóvenes que sean cobardes, pero sí que sean razonables, creativos, inteligentes. Indiscutiblemente hacen más libres, sanos y vivos, que muertos, heridos o presos. La verdad, puede sernos tan cruel como antipática, pero no por eso deja de ser verdad y hay que escucharla.

Las FANB actúan bajo la tesis de que hay un enemigo interno, un enemigo al que –no importa cómo- hay que neutralizar. Para ello, han elaborado un Plan, el Plan Zamora. El objetivo de este Plan no es simplemente dispersar la protesta o ejercer el control del orden público;sino sitiar a los manifestantes físicamente, imponernos dónde, cuándo y el tipo de enfrentamiento en el que ellos tienen las de ganar. Nos tienen medidos en espacio y tiempo, conocen ya los ritmos y variantes de las protestas; y lo que ha hecho la estructura de comando es emplear maniobras para acabar con la protesta en un menor tiempo y con la mayor rapidez posible en los lugares que ya han estudiado. La violencia va siempre en escalada, toda vez que se anuncia una nueva fase de ese Plan.

Lo más grave de todo es que –dirigencia y manifestantes- hemos aceptado, –consciente o inconscientemente-por la vía de los hechos,esas condiciones, lo cual es inminentemente necesario corregir. La protesta de calle, al igual que los otros frentes de lucha, hay que continuarla, pero reorganizarla, darle un sentido, una dirección. No existen fórmulas mágicas instantáneas, ni garantías de que no nos vayan a matar, pues estamos enfrentando a la barbarie, sin embargo, existen muchos métodos creativos para la protesta pacífica sin necesidad de caer en confrontaciones cuerpo a cuerpo. Hay, afortunadamente, muchas y variadas iniciativas de movimientos civiles que han propuesto una y mil formas de protesta efectiva pero prudente. Lo importante es ejercer presión, la marcha es un mensaje: somos millones, somos la mayoría, estamos juntos, queremos que se vayan y queremos reconstruir al país. El mensaje puede llegar claramente sin necesidad de irnos al terreno de la violencia dónde, insisto, tenemos todas las de perder.

Tenemos que convencernos de que ya no tenemos un país partido por la mitad, un país polarizado; se trata de una inmensa mayoría determinada a expulsar, no a la minoría, sino al grupo de mediocres y corruptos gobernantes que se aferran al poder y destruyen cada día más la República. Todos tenemos, en este momento histórico,la responsabilidad de empujar hacia la misma dirección, esforzarnos en todos los ámbitos, preservar la vida y hacer todo lo posible por romper las cadenas que nos han impuesto. El chavismo es un modo de ser, de hacer y de pensar. No porque no militemos en sus filas, dejamos de participar de ese imaginario. La improvisación, el “cómo vaya viniendo vamos viendo”, la impulsividad, la emocionalidad y la falta de inteligencia es una manifestación de ese mismo modo de ser, de nuestras carencias y defectos de los que nadie, absolutamente nadie está exento y que nos han hecho tanto daño.

Es la hora del rescate de la República, y más allá de esto, de la re-conquista de nuestra condición civil, nuestra dignidad humana. Te pedimos perdón David, a ti Neomar y a todos, porque el hecho de que una sociedad necesite o acepte sacrificar vidas humanas para despertar, dice mucho de nuestra condición humana.

¡Fuerza y Fe! Y que a esto se sume la inteligencia. Lo vamos a lograr.

Oriana D. Pineda A.

23 jun. 17