“Home” is a warm feeling, not a place.

La vista que tenía desde mi habitación en Colinas de Bello Monte. Caracas, Venezuela // The view I had from my old room in Colinas de Bello Monte. Caracas, Venezuela.

Hace unos días, gracias a un reminder de Facebook, noté que éste año cumplo tres años viviendo en la ciudad de Caracas, en donde desde muy temprana edad quise vivir. Me parece muy chistoso las vueltas que da la vida, a pesar de que me mudé a principios del 2014, pude mudarme de manera estable el año pasado. He vivido por los momentos en seis sitios diferentes, en donde actualmente Chacao se ha convertido en mi “hogar” por los momentos.

A principios del año pasado tuve que vivir en una oficina por dos semanas mientras encontraba un sitio al que pudiera mudarme, todo el mundo creería que sería una pesadilla, pero no fue así, fue toda una aventura. En momentos frágiles y emocionales recuerdo cuando comencé en una oficina prácticamente vacía en la que solo había un aire acondicionado, un sofá cama prestado, una Mac Mini y Wifi -también prestados-, ¡y ahora vivo en Chacao!. A Ormandy le agradezco muchísimo por haber sido mi compañera en esa travesía, hizo que esa fría y vacía oficina se convirtiera en un sitio lleno de risas y mucha música, ella logró conformar parte de eso que llamo “hogar”.

Luego viví por cinco meses en una pequeña habitación en Los Cortijos, en la que solo cabía una pequeña cama individual y una mesita de noche. No tenía ventanas, así que no podía diferenciar si era de noche o de día. En esa habitación quedaron las memorias más imprevistas que he tenido hasta ahora, llenas de llantos y lágrimas por montones, lamentos y heridas por un robo, y lo más importante -o no-, suspiros de un amor inoportuno y la pérdida del mismo.

A mediados de Junio pude mudarme a a Colinas de Bello Monte, dónde vivía en una especie de anexo en un segundo piso, tenía una habitación el triple de grande que la anterior, contaba con una vista hermosa del Ávila y podía admirar una parte de Caracas. Pude admirar como mi ansiedad buscaba calma en el sol que se ocultaba detrás de ese magnifico cerro, o cómo la ciudad cobraba vida con las luces y podía escuchar la calma con los grillos de fondo. Fue un sitio elemental para contemplar la belleza ambigua de la ciudad y por qué seguía viviendo en ella. Por qué simplemente no armaba mis maletas y regresaba a mi ciudad natal o compraba un pasaje con destino a Buenos Aires como vengo posponiendo desde 2013. Para tomar duras decisiones como cortar casi todo mi cabello, gracias a un ataque de ansiedad el cuál no me dejaba respirar. Gracias a todo ésto pude conocerme más, conocer mi propósito -actual-, y conocer a Luigi, quién actualmente es mi hogar, mejor amigo y pareja. Así que no, no me arrepiento de nada.

Actualmente vivo en Chacao desde Septiembre, y mi vida ha tenido un vuelco desde entonces. Me corté el cabello nuevamente -fue un desastre, me llegó hasta las mejillas-, dejé mi trabajo de hace dos años, tuvieron que hospitalizarme por una infección pulmonar la cuál me ayudó a dejar el cigarrillo. Tomé de nuevo la libertad de bailar en la comodidad de mi ropa interior, canté, reí, lloré de nuevo y volví a bailar.

Me encontré de nuevo en una habitación acogedora en la que mi ansiedad encontró un lugar dónde vivir sin molestar tanto. Una habitación que comparte los mismos colores tonos pastel que tiene mi habitación en Mérida, donde tengo una amplia ventana, dos mesitas de noche, un guardarropas -al fin mi ropa no está en las maletas-, un escritorio en donde estoy armando mi estudio-oficina; Que tiene la linda vista de una pintura de Gustav Klimt, una foto de David Bowie, una foto de mi madre y una hermosa postal de Caracas ilustrada por la bellísima -indeed- y talentosa Tamara Hadeed aka Miss Uh!. Quién también es un pequeño hogar para mí lleno de mojitos, frutas deshidratas, risas y dulzura.

Todas éstas pequeñas piezas se han convertido en un sentimiento para mí, en el cuál he encontrado hogar en ellas sean efímeras o no, me han ayudado a crecer y seguir adelante. Por eso, “hogar” es un sentimiento y no un lugar, me siento eternamente agradecida con los pies firmes en el presente y las “mariposas en el estómago” al esperar por mi próximo hogar.