Un proceso electoral que deja valor en su camino

Hace poco más de seis meses sucedieron las más recientes elecciones presidenciales en nuestro país (1). El contexto de aquellos días, en los que diferentes grupos manifestaban su inconformidad con la manera en que funciona la política en México, me dieron oportunidad de hacerme varias preguntas.

Por ejemplo, ¿qué tipo de escenario sería necesario para que la mayoría de los de habitantes en el país se sintieran satisfechos de sus gobernantes y gobiernos? Si pudiera contarle a un extranjero que en mi país la política y el gobierno se realizan de manera excepcional, ¿Qué historia le contaría?

En ese sentido, una herramienta muy poderosa es la imaginación. La capacidad misma que tenemos como seres humanos para crear escenarios futuros, que funciona como el simulador más avanzado conocido en la actualidad. A través de estas ‘simulaciones’ mentales, podemos visualizar realidades alternas, vidas mejores y gobiernos más justos y efectivos. En lo personal, yo experimenté esa sensación cuando vi por primera vez el documental ‘Cities on Speed: Bogota Change’ (2), y fue entonces cuando mi mente conoció una historia de gobernantes creativos y dedicados a mejorar la ciudad bajo su cargo.

A raíz de esto comencé a imaginar qué escenario me gustaría que se convirtiera en realidad en mi país, y pensé en gobiernos impulsados con pensamiento creativo y los recursos que brinda el Diseño (3). Me planteé la pregunta ¿Cómo serían cosas como las elecciones, los planes de gobierno y la participación ciudadana (por poner algunos ejemplos) bajo la perspectiva colaborativa y multidisciplinaria del Pensamiento Creativo? Esta pregunta deriva en muchas posibilidades, pero podría comenzar con una sola que me encantaría ver en las próximas elecciones.

El proceso creativo combina –entre otras cosas– observación e intuición con prototipaje y experimentación. Si es sabido que los presupuestos otorgados a los partidos políticos son millonarios y estos se emplean en llenar los medios y espacios públicos de impresos indeseables; me pregunto ¿Cómo aprovechar ese recurso monetario de una manera más constructiva?

Una forma interesante de elegir gobernantes sería tener una ‘prueba piloto’ (4) . Se me ocurre que prohibiendo de antemano la producción de propaganda de cualquier tipo (bajo advertencia de anulación de la candidatura), se podría asignar a cada candidato un presupuesto semilla para prototipar soluciones a los retos planteados en un plan colaborativo de nación (5).

Bajo este supuesto el candidato podría convocar un gabinete temporal, y dedicarse a ejecutar sus ideas y proyectos, dejando a su paso un patrimonio tangible aún antes de ocupar un cargo oficial.

Con una convocatoria abierta (jugando con la imaginación, pretendamos por un momento que los partidos políticos no existen más) diferentes líderes, emprendedores sociales, pensadores e innovadores podrían encabezar candidaturas y prototipar sus propuestas para la nación. Este proceso podría durar dos o tres semestres, y se me ocurren cien formas de ir realizando eliminatorias y evaluación de resultados… al final del proceso la votación se haría en función del desempeño mostrado por los candidatos.

Un grupo indefinido de medios independientes se encargarían de dar cobertura al progreso de cada candidato, con la intención de volver transparente los retos y logros de cada uno de los ‘gabinetes’ temporales.

Una nueva serie de empleos tendrían que emerger alrededor de los procesos gubernamentales, relacionados con la estructuración de las asambleas y mecanismos requeridos para crear los planes nacionales, activistas a cargo de dar seguimiento a los procesos, encargados de tecnología para integrar y visualizar esta cantidad inmensa de datos, etc.

Después de dos o tres sexenios, los nuevos candidatos habrían desarrollado un expertise cada vez mejor para convocar equipos de trabajo multidisciplinario, probar sus méritos a través de proyectos prototipo, entender y atender las necesidades reales de la población, etc. Los ciudadanos podrían volverse cada vez mejores en articular sus necesidades, estructurar medios para demandarlas, y dar seguimiento al trabajo de sus representantes en el gobierno.


Este es solamente es un relato de ciencia-ficción (diseño-ficción), a manera de ejercicio, pero me deja pensando en todas las áreas desatendidas que como Diseñadores (comunidades creativas en general) estamos ignorando. El Diseño posee facultades especiales para crear nuevas formas de comunicación e interacción, y por ende organización ciudadana y gobiernos.

Me gustaría escuchar cómo imaginan sus gobiernos (¡y no solamente sus ciudades!) los diseñadores, arquitectos, escritores, antropólogos, etc. más destacados del país. Y después, me encantaría poder llevar estos relatos de ficción a un público general, para comenzar a romper — por lo pronto a través de la imaginación — esa serie de bloqueos que impiden, muchas veces, cambios masivos en el país.


  1. Aclaración: el artículo fue originalmente publicado en 2013
  2. ‘Cities on Speed — Bogotá Change’ (Andreas Møl Dalsgaard, 2011)
  3. Diseño con ‘D’ mayúscula, englobadas las distintas disciplinas creativas
  4. En muchos empleos se utilizan ‘períodos de pruebas’ para interesados en el empleo
  5. Imaginemos que en un futuro cercano, el plan de nación no lo diseña el candidato presidencial; sino que asambleas organizadas en todo el país diseñan los planes de nación que deben cumplirse en futuros sexenios