En la cuerda floja

Por estos días, desde hace varios meses en realidad, he estado pensando acerca de dos situaciones algo trascendentales. La primera acerca de esa falta de interés que nos impide enfrentar las labores cotidianas — No podría, con certeza, estimar que porcentaje de la personas se encuentran en esta condición; sin embargo, me atrevería a afirmar que no son pocas -. La segunda acerca de las razones por las que no tenemos una motivación clara para enfrentar el día a día. Algunas respuestas podrían estar tipificadas como situaciones de incomodidad en un entorno laboral, otras asociadas a una baja remuneración salarial, otras a la realización de actividades repetitivas que no representan retos, otras, tal vez una de las peores, a la acomodación en una zona de comfort que nadie puede asegurar dure para siempre.
Seth Godin se refiere, en su libro el El Abismo, a la importancia que tiene el persistir cuando nos enfrentamos a situaciones que revisten algún grado de dificultad bien sea para sobreponerse y superar los obstáculos o para tomar la decisión de renunciar, opción que, entre otras cosas, no debe considerarse como un fracaso. A propósito de fracasos, hace algunos años leí el artículo “The United States of Entrepreneurs“, publicado por la revista “The Economist” en 2009, en el que se resaltaba la importancia del emprendimiento en varias regiones del mundo, entre ellas, el Silicon Valley en California. Transcribo, textualmente en el idioma original, un aparte del texto, que me llamó la atención: “American companies have an unusual freedom to hire and fire workers, and American citizens have an unusual belief that, for all their recent travails, their fate still lies in their own hands. They are comfortable with the risk-takingthat is at the heart of entrepreneurialism”. El artículo finaliza con esta interesante apreciación: “In some countries bankruptcy spells social death. In America, particularly in Silicon Valley, it is a bagde of honour“. — ¡El texto resaltado es mío! -.
Retomando las reflexiones iniciales, luego de re-leer los aportes citados, me pregunto: ¿Somos conscientes que la solución a la falta de interés está en nuestras manos? ¿Qué hemos hecho para sobreponernos a la misma y buscar alternativas con las que podamos desarrollar nuestro talento para retomar el rumbo de nuestras vidas? ¿Mostramos con honor las marcas dejadas por algún traspié?
Sin la intención de generar preocupación, no deberíamos esperar a vernos “motivados” por una decisión que nosotros no tomamos para considerar la opción del emprendimiento. Piense, mientras aún camina en la cuerda floja, acerca de lo que le podría generar interés o para apartarse de esa zona de comfort: establezca un plan, ejecute actividades de forma sistemática, evalúe resultados aprendiendo las lecciones que debe dejar documentadas y vuelva a revaluar el plan para ajustarlo y continuar.
¿Tienes algunas ideas que quiera compartir?
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