Inicio del final

No sé exactamente dónde comenzó todo, sin darme cuenta terminé aquí contando los latidos de mi corazón. El frío recorre mi cuerpo, el único lugar cálido en estos momentos está en mi cuello. Mi mirada está fija, pero no veo nada en particular, para no perder la fuerza; sé perfectamente lo que pasará.

Mi abuelo estaba en lo cierto cuando decía que “los últimos minutos antes de que se acabe todo, son desesperantes pero te llenan de tranquilidad” de cierto modo ya no le tienes miedo a nada, porque sabes cual será tu final.


En este momento solo puedo pensar en lo que pude hacer y que dejé inconcluso, pero sé perfectamente que de algo servirá este ejemplo de injusticia y muerte a la libertad.

No puedo decir que fui una buena persona, pero de cierta manera todos actuamos a favor de nuestro bienestar.

Mi peor error, fue tratar de salvar lo insalvable. Ahora me doy cuenta que sacrificarse como un ternero, no vale la pena, solo logré liberar a Rido, ese pequeño pueblo que nadie conoce al sur de Normantes, pero me esclavicé sin darme cuenta.


Aquella sombra se acerca cada vez más a mí, su aroma a muerte ajena penetra sin permiso, sus pasos lentos y caprichos sobre la madera hacen que este momento sea interminable.

La luz del sol, está marcando el inicio de mi fin.

Sé también que no falta mucho para que la multitud sádica se llene de mi sufrimiento y último aliento. El hombre se aproxima cada vez más hasta que llega, ajusta muy bien las sogas de mi cuello, me hace una seña para que musite mis últimas palabras.

¡La muerte me hará libre!-

Normantes, Centro 28 de Febrero de 1820.
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