Trece

Es, a veces, el silencio.
El cielo como una burbuja pálida
y la noche, un sepulcro de tinta.

El miedo viene a dormir a la cama
enrollado como un gato,
y a veces el silencio lo calma.

Somos ojos que nunca dejan de mirar,
una plasta de recuerdos
que se vuelven composta infértil.

Somos como planetas desorbitados,
como malas traducciones
de palabras descolocadas y maldichas.

De pronto, sin embargo, caemos,
una brisa amarilla nos levanta
y el sol, apagado, se reaviva.

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