¿Quién es “el pueblo”?

Oscar Gómez
Aug 31, 2018 · 3 min read

Días atrás traía a la discusión el texto de una joven que planteaba una pregunta con sabor a reclamo: “¿mandamos o no?”, en referencia a que el Presidente Electo dijo que “el pueblo manda”, mientras que algunos lopezobradoristas se burlaban de los esfuerzos de los demás por proponer temas en la agenda.

Anteriormente, proponía que el conflicto quizá se genera a partir de la definición de el pueblo. Como se comentaba, no es un tema sencillo. Giovanni Sartori lo estudia en ¿Qué es la democracia?, donde habla de seis desarrollos interpretativos de el pueblo: 1) el pueblo como, literalmente, todos; 2) el pueblo como los más; 3) el pueblo como el proletariado; 4) el pueblo como una totalidad orgánica e indivisible; 5) el pueblo como un principio mayoritario absoluto, y; 6) el pueblo como principio mayoritario moderado.

Todos
Dice Sartori que todos nunca son todos de verdad. Ahí se encuentran los ejemplos de los menores o infantes, quienes no deciden. En algunos casos las decisiones se limitan a los ciudadanos, dejando fuera a los residentes. En sentido literal, explica, ninguna democracia llegaría a serlo.

Los más
El problema con esta acepción, externa, es que no hay un criterio claro. ¿Cuántos muchos son necesarios para construir al pueblo?

Proletariado
Nuevamente, sería difícil aceptar esta proposición, pues el politólogo deja en claro que ello implicaría que una parte, el no–proletariado, estaría condenado a ser declarado no–pueblo para siempre.

Totalidad orgánica e indivisible
Sartori cree que esta acepción es de cuño romántico (Adam Przeworski la califica como mito político) e incluso nos recuerda que la creencia del “todos como uno solo” legitimó el totalitarismo del siglo pasado.

Principio mayoritario absoluto y principio mayoritario moderado
Las ultimas dos interpretaciones se antojan con mayor apego a lo posible. Sin embargo, han de generar preocupaciones. La primera se refiere al criterio de decisión (no de elección), donde los más cuentan como todos y los menos como nadie. El segundo, por el contrario, es un criterio donde los más prevalecen sobre los menos, respetando a las minorías.

Tal conflicto es fundamental pues, comentaba Sartori, en las democracias puede haber disenso, y el gobierno de la mayoría debería tutelar el derecho a que haya oposición en su contra. O al menos eso implicaría el principio mayoritario moderado. Sartori cita a Ferrero: “… suprimir la oposición significa suprimir la soberanía del pueblo”.

Bajo el principio mayoritario absoluto, el pueblo podría ser sólo el 51% (en el caso de México, 53%), que ya constituiría la mayoría, sobre el 49%.

Finalmente, Sartori explica que “quien se llena la boca con la palabra pueblo raramente suele explicar de qué se trata”. Y es que este análisis cobra relevancia desde que López Obrador es precisamente un político que se ha llenado la boca con la palabra pueblo y, a raíz de distintos casos en su trayectoria, permiten que la pregunta sea válida.

Lo aquí expuesto permite preguntarnos: en el próximo Gobierno, en el que “el pueblo manda”, ¿contarán los más como todos y los menos como nadie, o prevalecerá la decisión de la mayoría y se respetará a la opinión minoritaria?

O, ¿será que ninguno de los seis desarrollos interpretativos de Sartori explica al pueblo de Andrés Manuel?

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