Soy vegetariano y me encanta decirlo, aunque te sangren los oídos
Llevo ya casi ocho años de ser vegetariano. Ovolactovegetariano, para ser más preciso. Aún no llego al veganismo y no sé si en un futuro lo haga.
Cuando empecé recuerdo a algunos amigos que eran vegetarianos y otros veganos que se emocionaron con mi decisión y me dieron un montón de consejos. Pero descubrí que solían esconderlo para evitar discusiones innecesarias sobre su dieta. La gente no suele entenderlo. Hay muchos estigmas. Muchos mitos. No me interesa desmentir nada en este escrito. Desde que tomé esa decisión nunca me ha interesado.
He de decir que admiré (y aún lo hago) la actitud de mis amigos de simplemente tomar la decisión por ellos mismos de seguir el vegetarianismo, sin tener que gritarlo al mundo. Convicción pura. Pero también he llegado a admirar a algunos activistas que se toman esto en serio, y se esfuerzan por desmentir mitos y mostrar al mundo los beneficios de este estilo de vida. Convicción pura.
Aún así, me adscribí por llevarla calmado como mis amigos. Como la mayoría de los vegetarianos y veganos en realidad. Al menos yo, hasta la fecha no he conocido en persona un solo vegetariano que ande por el mundo tratando de demostrar que todos están mal y ellos están bien.
Aún así siento la necesidad de decirlo abiertamente, sin miedos, sin tapujos. Mostrarme tal cual soy y sentirme orgulloso.
Recuerdo que una vez en un evento de la universidad fui a comer a un restaurante con un profesor y algunos compañeros. Tuve que sacarlo a la luz y honestamente, sentía vergüenza. Pero el profesor dijo: “no, es admirable, se necesita de verdad tener consciencia sobre la vida y sobre el sufrimiento de los animales. No cualquiera la tiene”.
También recuerdo un amigo que cuando le expliqué que no me gustaba hablarlo abiertamente para evitar confrontaciones, él me dijo: “Si yo fuera tú yo sí estaría alardeando sobre ello. ¿Qué importa si me ven mal por ello? Es su rollo. Si me juzgan mal por algo que yo sé que está bien, entonces para qué me preocupa lo que piensen de mí. Así que yo lo diría abiertamente y hasta me burlaría de ellos para que se molesten más”.
Es cierto, ¿por qué tanta aversión al vegetarianismo? Un caso que se me ocurre: miedo a lo desconocido. Mucha gente no tenía idea de que algo así existiera, hasta ahora que se ha popularizado con la globalización y el Internet. Aún me topo con gente que no lo sabe hasta que me conoce. Las ideas nuevas crean desconfianza, sobre todo las que ponen en duda nuestros valores más fundamentales y todas esas cosas que son cotidianas para uno, como la comida.
Otra razón que se me ocurre: envidia. Hay mucha gente que se jacta de su gran amor por los animales y se sienten con una superioridad moral por ello, pero se topan cuando se les pone la idea del vegetarianismo en frente. Son capaces de sentir empatía hacia los animales y entender que también sufren, pero están renuentes a dejar de consumir su carne, simplemente porque siempre lo han hecho y están en medio de un sistema que lo aprueba y lo hasta lo impone.
Lo sé porque he estado ahí. En los dos casos. Yo también veía con extrañeza al vegetarianismo, hasta que tuve la suerte de hacerme de varios amigos que llevan este tipo de alimentación. Nadie me obligó o me vendió la idea con algún tipo de proselitismo. Simplemente sentí curiosidad y les preguntaba sus razones, a lo que me respondían con toda naturalidad.
Luego vino el cuestionamiento interno: ¿De verdad quiero comerme este animal? ¿De verdad quiero apoyar la industria cárnica, conociendo la tortura sistemática contra tantos seres sintientes, conociendo también que es una de las principales industrias que contaminan y despilfarran los recursos naturales?
He de aceptarlo. Aún tengo un montón de incongruencias en mi pensar y mi actuar. Aún si me llegara a hacer vegano y me aleje todo producto de origen animal, sé que seguiré teniendo incongruencias en otras áreas de mi vida. Soy tan humano como cualquier otro humano. Pero al menos hago mi esfuerzo. Con esto no digo que todos los demás tienen que seguir mi camino y que yo soy mejor que quienes comen carne. Pero ahora después de años con esta dieta, con este estilo de vida, entiendo perfectamente que tampoco es algo que deba esconder.
Me siento orgulloso de ello. Estoy orgulloso de ser consciente y hacer algo por contribuir menos a la contaminación y, sobre todo, al sufrimiento de otros seres sintientes. Todos estos son problemas demasiado complejos. Sistémicos. Mi dieta no aporta mucho. Pero aporta. Pongo mi granito de arena. Pongo el ejemplo. Sirvo a otros para que se cuestionen a sí mismos. Algunos lo reconocerán. Otros se reirán o lo considerarán odioso. Pero algo moví en las personas.
Y soy firme con ello. Soy firme en mi convicción de que un mundo mejor es posible. No perfecto, pero sí mejor. Soy firme en mi convicción de que mis actos, por pequeños que sean, pueden contribuir en ello. Soy firme también en que ese mundo mejor sólo se logrará si adoptamos una postura de no-violencia. Hay muchos grandes ejemplos en la historia de la humanidad que lo demuestran.
Tendré algunas cosas que aún tengo que mejorar. Tendré algunas incongruencia en mis actos y mis palabras. Tendré muchas dudas, incluso sobre lo que se supone que ya sabía. Tendré muchas cosas aún qué aprender. Qué importa. Todos lo tienen. Y todos tendrán también sus buenas razones para sentirse orgullosos de algo. Esta es la mía. Una de tantas.
