Si el magistrado es culpable


No hay que esperar a saber si el magistrado Jorge Pretelt es culpable o no del deshonroso cargo de soborno, para declararlo a él y todos sus pares de la Corte como los perpetradores del crimen lesivo que ha dejado a la justicia colombiana con un manto de desconfianza, el cual siempre había estado, pero que ahora se ratifica más.

Con sus más recientes declaraciones a la W Radio, el aun magistrado Pretelt parece estar dando pataletas de ahogado en un sistema judicial que ya lo ha hundido sin siquiera haberlo juzgado. Cabe anotar que hasta hace unas pocas semana Pretelt hacia parte de dicho sistema, el mismo que ahora raja sus vestiduras y hace un festín con ellas.

En este lio de “al caído caerle”, el colombiano de a pie solo sabe que como siempre hay uno o varios tipos corruptos, un soborno desproporcionado y que además, una teoría se ha hecho realidad: la justicia solo es para los de ruana. En este contexto, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia han demostrado que su inmaculada imagen es solo una fachada y que debajo de sus martillos litigantes se esconden sus intereses personales por querer hacer de la justicia un concepto al molde del mejor postor.

“Todo fue a mis espaldas”

No es de extrañar que todos quieran pasar por víctimas. Por un lado el magistrado Pretelt se ha auto impuesto el calificativo de perseguido por el fiscal y un conejillo de indias del gobierno; tanto ha sido su desconfianza ante el aparato judicial, que ya planea salir del país, cual Andrés Felipe Arias o María del Pilar Hurtado en su momento. Mientras tanto la Corte en pleno se niega a sesionar si su “presunto implicado” colega no deja la silla vacía; como si los temas de justicia y paz, chuzadas y la obsoleta revocatoria de Petro no tuvieran importancia ante su inusitado aumento de escrúpulos.

Ahora, el presidente Santos ha demostrado lo que todos sabían, que a la Corte le quedó grande solucionar sus problemas y que en un desesperado llamado al ejecutivo esperan que este sea uno más de los escándalos que empiezan con ideas de constituyente, pasan por reformas y terminan con articulitos en el congreso.

Esperas a ver en que termina este culebrón político-judicial. La primera fila ya está reservada por el fiscal Eduardo Montealegre; el hasta ahora muy silencioso procurador, uno que otro senador con “ética de plomo” (como si le ética se pudiera medir) y obvio, las autodefensas en cuerpo ajeno: otro lio para Pretelt.

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