De cómo se pronuncia adiós [II]

No han sido pocas las ocasiones en que me he visto a mí mismo inmerso en conversaciones redundantes, cíclicas, circulares, por el único motivo de que mis interlocutores tienen temor al silencio, huyen de la despedida y evitan por completo dar por terminado el contacto. Esto ha sucedido sin distingo del medio por el cual se sostenga la conversación. Lo he padecido tanto en persona, como a través de llamadas telefónicas, de video e incluso en conversaciones por mensajería. Seguramente no solo he sido yo quien ha padecido sino que en alguna oportunidad habré hecho padecer a alguien por esta misma incapacidad para dar por terminado un encuentro.

De las múltiples razones por las que considero que puede ocurrir esta situación, quisiera retornar a las ideas del post anterior de esta serie. No estamos seguros de cómo se pronuncia adiós, hay un sentimiento adverso asociado a esta palabra. Nos enseñaron a saludar de manera efusiva. Nuestra lengua (y otras foráneas) coinciden en construir expresiones de saludo que se componen usando epítetos entusiastas. Buenos días, tardes, noches. Esa misma lógica no parece impregnar las expresiones de despedida. Adiós, chao (uno de los tantos colombianismos con el dígrafo “ch”), nos vemos. Incluso la entonación de unas y otras expresiones es notoriamente distinta. Yo las he leído diferente mientras repasaba este párrafo. Las despedidas se pronuncian más en tono de tristeza y dolor, siendo que es poco frecuente saludar sin musicalidad en la voz.

Adiós, es una palabra ligada al desprendimiento, a desligarse de un escenario en particular y esto por lo general nos ocasiona el dolor asociado a la pérdida. Es sorprendente la celeridad con que establecemos nuevos patrones y nos integramos a nuevas realidades. Comprendo que un espacio pueda conferirnos tranquilidad suficiente como para no querer abandonarlo y esto es precisamente lo que siento cuando alguien despliega un amplio vocabulario destinado a prolongar una conversación cuyo deceso está oficialmente declarado. En mi hablar, la conversación ha llegado a su fin inminente cuando empiezo a elaborar un resumen y concretar compromisos. Espero que no parezca grosero, en realidad no deseo serlo, pero cuando el tiempo de hablar ha concluido y es momento de pasar a otros asuntos, o cuando simplemente el momento carece de atractivo entonces es hora de dejar de postergar lo impostergable, decir adiós y alejarse.

¿Cómo se pronuncia adiós? ¿Cómo responder al cuestionamiento que yo mismo me he hecho? Sinceramente no tengo idea de cómo empezar a responder a esta pregunta. En general, consideraría una opción omitir las despedidas, simplemente alejarnos en silencio y no seguir ninguna convención. Esto funciona particularmente bien y no es necesario convenirlo cuando pasas muchos días de seguido compartiendo con las mismas personas (léase pareja o miembros de un mismo hogar). Saludarse y despedirse se vuelve inoficioso cuando los reencuentros son pan de varias veces al día. Y sin embargo nos han constreñido a no omitirlos por temor a la posibilidad de una última despedida que no sea memorable. En este caso, se ha trasladado la idea de despedirnos a una necesidad del buen recordar.

¿Decir adiós con ira? Las rupturas amorosas son una fuente significativa de despedidas fulminantes, impregnadas de un carácter muy fuerte y apasionado, mezcladas con muchas emociones, buenos recuerdos y muchas veces amargos rencores. Cuando el orgullo se atraviesa y el deseo por tener la razón se impone, el adiós puede venir lleno de rabia y por lo tanto con mucha determinación. Pero muchas de estas despedidas pueden generar arrepentimientos y generan más malestar del que originalmente las ocasiona. Prefiero evitarlas. Un consejo muy repetido dice que nunca se vaya a la cama enojado, no le veo la utilidad, pero sí que me parece bueno nunca dejar a alguien atrás sintiendo que hay asuntos por solucionar.

¿Decir adiós con gratitud? ¿Por qué no? Ha sido mi mejor alternativa tras mucho probar. Evitar las palabras dolorosas que parecen puntos finales (como las que mencioné unos párrafos antes). Agradecer por el encuentro, por la oportunidad de volver a vernos, incluso por el tiempo perdido, agradecer de cualquier manera y con ello sonreír y dar la espalda.


Las despedidas son inevitables y aún sabiéndolo, no he podido cerrar este post porque no sé qué palabras pudieran ser buenas para hacerlo. No estoy seguro de cómo se pronuncia adiós, así que mejor nos vemos en una tercera parte. Gracias por leerme.