Santiago II: Lastarria

Oscar Mario Jiménez.
Nov 7 · 3 min read

Las viejas calles serpenteantes, los restaurantes chic y los graffitis de protesta bilingüe que piden la conversión al veganismo anuncian el barrio bohemio e intelectual de la capital. Es Lastarria, ubicado entre varios de los puntos calientes de las protestas.

Dentro de sus paredes hay bares, cafeterías, tiendas y librerías donde la gente come, lee y bebe en cómodas terrazas como si el país no se encontrara en una crisis sin precedentes, con 2500 heridos y alrededor de 19 muertos. La sorpresa por la indolencia es aún mayor cuando uno comprueba que este lugar se ubica entre Plaza Italia y La Alameda, dos de los epicentros políticos y emocionales de la revuelta.

De un lado, en Plaza Italia, diariamente hay disputas de terreno entre policías que buscan levantar bloqueos y manifestantes que buscan levantar conciencias. Del otro, en la Alameda del Libertador Bernardo O’Higgins, las protestas son circunstanciales y menos numerosas pero igual de constantes a partir de las 5 de la tarde.

Esta ubicación estratégica crea estampas particulares. Por ejemplo, frente a uno de los exclusivos restaurantes de la zona, camina para un lado una pareja de chicos tomada de la mano, y para el otro corre un joven ensangrentado con un rótulo que dice “primeros auxilios”. Frente a otro bar, una quema en media calle comparte espacio físico con una señora adulta mayor que se sienta en una de las bancas que adornan las aceras.

Una de las quemas a la entrada de Lastarria.

La tarde cae, y los encapuchados que corren de un lado a otro aumenta. Nadie se inmuta. Ya es normal. Cada día, alrededor de las 6 de la tarde, Carabineros comienza a explotar gases en Plaza Italia y en La Alameda, los extremos del barrio, lo que provoca que los manifestantes se crucen de manera constante.

Nada pasa, si entran los pacos cerramos un momento y listo. Ya nos estamos acostumbrando” dice uno de los camareros de la República Independiente del Pisco, uno de los lugares más famosos de la zona. “Aquí siempre es igual, a 200 metros están matando gente y aquí siguen tomando vino. La gente progre de aquí no cacha” se quejan dos actores que protestan con un performance para denunciar las muertes en manos de carabineros.

Performance en Lastarria para protestar contra la violencia de carabineros.

Pareciera que en Lastarria la gente no está molesta, ni angustiada, ni asustada. Conviven con todo: con la diversidad sexual, las protestas, la comida alternativa, la sangre de manifestantes, los graffitis bilingües, los encapuchados, las tiendas de tatuaje, el turismo europeo indiferente a la crisis, las quemas de basura que bloquean el tránsito y, al parecer, hasta con los gases lacrimógenos de vez en cuando.

En Lastarria los negocios continúan abriendo.

Son las 8 de la noche del cuarto día en Santiago de Chile y en Wonderland Café, sobre la calle Rosal de Lastarria, entra Christoph a pedir un Sandwich de Roast Beef. Dos chicos camareros del lugar le coquetean, y le preguntan si quieren la carne fría o caliente, sugiriendo que siempre es mejor la segunda opción. Mientras afuera hay ollas, encapuchados, silbatos y gritos de “asesinos”, adentro hay atracción física e indiferencia.

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