
¿De qué depende?
No hay destino sino el que nosotros hacemos
- Capítulo 1 -
…Quizá no hay destino. Quizá no hay destino, sino el que nosotros hacemos.
Esa fue la idea final con la que Javier quiso dejar a sus nietos en aquella tarde, mientras estaba sentado en su silla favorita de color azul. El sol comenzaba a esconderse. Habían pasado ya dos horas desde había comenzado a contar la historia y cada uno de sus nietos se encontraba igual o más emocionado que cuando ésta inició.
Desde pequeño, Javier había comenzado a mostrar ciertas actitudes un poco fuera de lo normal para un niño de su edad. Actitudes que lo llevarían a estar sentado en su silla favorita color azul muchas décadas después.
Además de mostrar gran afinidad por los deportes en equipo, comenzó a manifestar actitudes académicas fuera de lo normal, destacándolo sobre todos sus compañeros y creándole cierto interés sobre la forma en que funcionan las cosas.
Muchas personas pueden considerar que este particular “don” era algo que iba a alejarlo de las relaciones con las demás personas. Curiosamente, a lo largo de su vida logró establecer una gran hermandad con cuatro de sus mejores amigos y una relación épica con una de las mujeres que cambiaría su vida para siempre.
Mariela — al igual que la mayoría de niñas desde pequeñas — tenía la ilusión de conocer al hombre de su vida, tener una vida normal, eventualmente casarse y formar una familia. Como todos sabemos, es esa misma vida la que se encarga de trastornar todas nuestras ilusiones de pequeños y transformarlas en algo más que únicamente podemos entender como el camino correcto hasta que nos encontramos al final de él.
Accidentalmente — o como quiera llamarse — Javier conoció a Mariela en una fiesta de amigos que poseían en común. Es realmente aquí, donde comienza la verdadera historia.
La noche había comenzado un poco temprano en la fiesta de la casa de Eduardo. Los invitados llegaron al patio de la parte posterior de la casa donde la mayoría platicaba sobre cualquier historia que fuera relevante en sus vidas en ese momento.
Como en todas las fiestas, los grupos de personas se separaron de tal forma que — al final — cada grupo únicamente comparte con sus amigos. A pesar de esto, existen ciertas excepciones en las que una simple presentación puede cambiarlo todo y lograr que dos desconocidos comiencen a formar una historia juntos.
Ya llegando al final de su carrera Universitaria, Javier iba a tomar una de las decisiones más grandes de su vida aunque, mientras se encontraba sentado en aquella silla color azul, éste confesaría que sería esta decisión la que se convertiría en “su vida”.
Paradójicamente, después de haber decido abandonar la universidad con tan solo 6 meses previo a terminarle, Javier consideraba que su vida estaba destinada para hacer algo más. Ingenuamente, destinada a cambiar el mundo como todos lo pensamos en algún momento. Su meta entonces se transformó en tratar de trabajar en una corporación internacional que le permitiera viajar por el mundo, ver la realidad de las demás personas y cambiarlas de tal forma que incluso muchos años después se le recordara como aquella persona que hizo la diferencia en el mundo.
Después de un par de meses de intensa búsqueda infructuosa por cumplir su sueño, Javier decidió dejar en reposo cualquier idea que tuviera sobre su futuro y dedicarse a su presente. En este caso, su presente consistió en asistir a la fiesta de cumpleaños de su amigo Eduardo.
La noche había comenzado un poco temprano. Mientras más personas llegaban al patio de la casa de Eduardo, más numerosos se volvían los grupos de personas que platicaban entre sí. Javier se encontraba con sus cuatro mejores amigos discutiendo sobre sus planes futuros y el final de su carrera universitaria. Por alguna razón, esto perturbó un poco a Javier ya que lo que había sido su plan de toda la vida ahora se había convertido en una búsqueda nueva por encontrar lo que realmente deseaba hacer con ella.
Incluso un desconocido podría notar que algo molestaba a Javier y que no se encontraba feliz de estar en la fiesta. Eventualmente, decidió alejarse un hacía la cochera de la casa para fumar un poco y tratar de aclarar su mente.
A lo lejos, Mariela se encontraba platicando con sus amigas cuando notó a Javier. Ella lo definiría como alguien interesante y — aún así — muy reservado, por lo que decidió seguirlo a la cochera mientras el se alejaba para fumar su cigarrillo.
Mucho se puede decir sobre la forma ideal de conocer a una persona, sobre la forma correcta de platicar por primera vez con otra persona o sobre las cosas que se deben y no se deben hacer. Algunas veces solo es necesario decir una palabra para cambiar por completo el destino de las personas.
Mientras Mariela se acercaba cada vez más a Javier, que se encontraba encendiendo su cigarro, pensaba en cual sería la frase perfecta para comenzar una conversación casual. Existía algo que le intrigaba sobre Javier y estaba decidida a descubrir que era.
Estando ya frente a frente y mirándose a los ojos, la mente de Mariela se puso en blanco y olvidó todo lo que había pensando en ese trayecto del patio a la cochera, por lo que dijo las primeras cuatro letras que se vinieron a su mente, aquellas cuatro letras que ambos recordarían como lo que inició todo: Hola.
Tan simple como eso, fueron esas cuatro letras las que llevaron a una conversación de al menos dos horas donde, sentados en el suelo de esa cochera, comenzaron a conocer uno del otro y se dieron cuenta que existía algo más en la otra persona que los convertía en parte de una unidad.
Las semanas comenzaron a pasar muy rápido después de ese encuentro en la cochera de la casa de Eduardo. Javier y Mariela se dieron cuenta de la atracción que existía por lo que ambos tomaban cualquier excusa para estar juntos. De repente, la vida de Javier comenzó a tener un poco más de sentido y se olvidó nuevamente de su futuro para enfocarse por completo en su presente.
Javier tenía la virtud — o maldición — de sobreanalizar en gran medida las cosas, evaluar todos los puntos de vista posibles y todas las ramificaciones de cualquier decisión que pudiera tomar. A pesar de esto, estar con Mariela se convirtió en la decisión más simple que pudo tomar en toda su vida.
Al final de una de las que se convertirían en las típicas salidas juntos, estando fuera de la casa de Mariela y después de estar hablando por más de 15 minutos frente a ésta, Javier sacó las llaves de su carro de entre sus bolsillos y comenzó a jugar con ellas.
Mariela, sin saber que pensar, le preguntó: “¿Es que ya te quieres ir?” Y Javier respondió: “Aun no estoy seguro. Todo depende…” Mariela, aún mas desconcertada, volvió a preguntar: “¿De que depende?”. En ese momento, Javier guardó las llaves nuevamente en su bolsillo, puso su mano derecha en la cara de Mariela mientras decía: “…De lo que pase en este momento”. El espacio entre ambos comenzó a reducirse hasta que la noche terminó como el destino lo hubiera querido. Lentamente, fue este beso el que le daría sentido al presente de Javier pero convertiría su futuro en algo aún mas incierto de lo que cualquier podría imaginarse.
- Capítulo 2 -
Los días continuaron pasando y la relación de Javier con Mariela siguió creciendo. Ambos estaban felices de estar junto al otro, conociendo todo aquello que les disgustaba pero al final terminaban amando.
El día de su primer aniversario, Javier había planeado la celebración para conmemorar tal ocasión. Después de llevarla a cenar a su restaurante favorito, decorado con las flores que Mariela amaba, ambos asistirían a la fiesta de graduación de su amigo Eduardo donde compartirían un momento con los invitados para luego estar sentados en la cochera donde todo había comenzado.
Estando a punto de salir de su casa para poner en marcha aquel plan, Javier recibió una llamada telefónica y fue — después de esto — que todo cambió.
Después de salir de su casa un poco perturbado, se dirigió a recoger a Mariela para luego llevarla a cenar de acuerdo al plan; sin embargo, como nos enseña la vida en repetidas ocasiones, nada realmente sale de acuerdo al plan.
En el restaurante se respiraba un ambiente mágico. Los dos estaban tan felices de estar junto al otro que cualquier problema que se encontraba en sus mentes se olvidaba fácilmente, enfocándose únicamente en el amor que sentían.
Estando ya en la casa de Eduardo, Javier no podía olvidar aquella llamada telefónica por lo que, como ya había sucedido más de un año atrás, decidió ir a aquella cochera a aclarar sus pensamientos mientras fumaba un cigarrillo.
Aunque Mariela no había visto salir a Javier, ella estaba muy consciente de donde encontrarlo.
Después de casi cinco minutos de no verle entre los invitados, decidió ir en busca de Él a aquella cochera donde toda su historia comenzó.
A medida se aproximaba, Mariela notó algo extraño en la cara de Javier, algo que no había notado desde hacía ya mas de un año, por lo que al estar frente a Él, puso su manos alrededor de su cara y dijo: “Mi niño triste… ¿qué te pasa?” a lo que Javier contestó: “Necesito hablar contigo…”
No es necesario ser una persona de ciencia para comprender lo que esto significaba. Algo realmente malo estaba a punto de pasar y el corazón de ambos estaba muy seguro de ello.
En ese momento, Javier comenzó a contarle a Mariela como antes de conocerla, su futuro era un poco incierto y que todo eso no importaba ya que estaban juntos; A pesar de todo, ese día había recibido una llamada telefónica donde le informaban que había sido aceptado para trabajar durante cinco años en un proyecto internacional que le permitiría viajar por el mundo como lo había soñado.
Después de explicarle con detalle todo ese acontecimiento dijo: “Estoy seguro que mi futuro está contigo, pero ésta es mi oportunidad de cambiar al mundo como he soñado….y acepté la oferta”.
Claramente se podía ver en la cara de Mariela como su corazón comenzaba a romperse. Como todas aquellas ilusiones que alguna vez había tenido comenzaron a derrumbarse poco a poco.
Después de digerir un poco la noticia, el primer pensamiento que cruzó por su mente fue: ¿Por qué ni siquiera me lo consultaste? ¿Qué hago ahora con mi corazón roto? ¿Qué hago para dejar de amarte tanto?. A pesar de todo esto, lo único que hizo fue abrazarlo fuerte y decirle al oído: “Entiendo por qué tienes que hacer esto… simplemente me gustaría que no tuvieras que hacerlo… simplemente te amo”.
Nada en la vida puede prepararte para un acontecimiento de esta naturaleza. Ambos sabían lo que tenían que hacer, por lo que decidieron pasar la mayor parte del tiempo juntos hasta que el momento de partir llegara.
Estando en el Aeropuerto — uno frente al otro — Javier sacó de sus bolsillos sus documentos de viaje por lo que, desconcertada, Mariela dijo: ¿Es que ya te tienes que ir? A lo que Javier contestó: “Aun no estoy seguro. Todo depende…” Sonriente por la respuesta conocida, Mariela volvió a preguntar: “¿De que depende?. En ese momento, Javier guardó sus documentos de viaje, nuevamente colocó sus brazos alrededor de Mariela y le dijo: “Todo depende de si me amarás después de cinco años”.
Con lágrimas en sus ojos y mirándolo fijamente únicamente pudo decir: “espero que no exista nada que me haga dejar de amarte”. Se besaron por última vez y Javier se fue.
- Capítulo 3 -
Al inicio la situación no era tan mala. Se acostumbraron a tener una relación a distancia en la que todos los días platicaban sobre los acontecimientos de sus vidas y de cómo la lejanía no podría logar que dejaran de amarse. Aún así, todo cambió después de la primer visita anual de Javier.
Estando nuevamente en ese aeropuerto donde lo había visto partir un año atrás, Mariela aguardaba impacientemente la primer visita de Javier y fue así como, al verle en la lejanía, corrió entre la multitud para abrazarlo con todos sus fuerzas y decirle: “Ni todo el tiempo del mundo podrá hacer que te deje de amar”.
Los días transcurrieron y todo volvió a ser como antes. Se repitieron todas aquellas típicas salidas que formaron el amor que tenían por el otro. Parecía como si el tiempo se había detenido y volvían a ser aquellas dos personas que platicaron por primera vez en la cochera de la casa de Eduardo.
Para conmemorar la visita, los padres de Javier decidieron realizar una celebración en su casa donde invitarían a todos sus amigos para compartir y recordar todos aquellos momentos que hicieron que de su vida lo que era hasta aquel momento.
Nada parecía diferente. Todo ese cariño que alguna vez existió no dejó de crecer a pesar de la lejanía. Ambos estaban seguros que cualquier dificultad que tuvieran iba a poder ser sobrellevada por el gran amor que se tenían.
El tiempo de partir llegó mas rápido de lo esperado. Ambos confiaban en que sus corazones encontrarían el camino de vuelta y que nada de lo que ocurriera podría hacer que dejaran de ser lo que habían sido por ese par de maravillosos años.
De la misma forma en que habían comenzado el primer año lejos del otro, la distancia no impedía que platicaran todos los días sobre lo que acontecía en sus vidas, de cómo se extrañaban y esperaban encontrarse nuevamente al final del año. A pesar de esto, Mariela sentía algo muy dentro en su corazón.
Inesperadamente, las llamadas comenzaron a convertirse en peleas cada vez más fuertes sobre la situación de impotencia en la que se encontraban. Mariela comenzó a sentir una gran frustración por no poder estar junto a Javier, por no poder vivir la vida normal que se había imaginado desde pequeña, por no poder amar de la misma forma en que amaban las personas alrededor de ella.
Javier, aunque muy seguro de la decisión que había tomado, no dejaba de imaginarse como sería su vida si no hubiera contestado aquella llamada telefónica. Como todo lo que estaba sucediendo era directamente su culpa y de cómo todo el dolor que sentía se multiplicaba al escuchar la frustración que generaban las peleas con Mariela.
Casi de imprevisto, el final se veía cerca. Ambos temían muy dentro de su corazón que el amor no era suficiente y que la lejanía sería algo que finalmente derrumbaría todo aquello que construyeron a lo largo de los años juntos.
Estar lejos de su familia, de sus amigos y de todo lo que amaba, hicieron que Javier — por primera vez — comenzara a cuestionar aquella decisión. Aquella oferta que haría que se cumpliera su sueño pero que haría que su corazón se rompiera poco a poco.
Después de sobreanalizar la situación — como era de esperarse en Javier — tomó la decisión de hablar seriamente con Mariela y decir finalmente todo aquello que se encontraba en su ser. Todo aquel enojo y resentimiento que no lo dejaba concentrarse en su presente y mucho menos en su futuro.
Al sonar el teléfono a la hora de costumbre, Javier contestó un poco serio, sabiendo todo aquello que tenía que decir pero con miedo a que las repercusiones de ésta conversación fueran irreversibles.
Minutos pasaron con las trivialidades que caracterizan cualquier conversación. Después de tomar valor sobre lo que tenía que hacer, Javier dijo:
“Es impresionante cuanto te amo. Simplemente no tengo palabras para describirlo. Estar lejos me hace pensar cada vez mas en ti, me hace pensar en como nos conocimos, en el momento en que sabía que quería tenerte a mi lado, en el momento que te entregué todo mi corazón. El dolor de estar lejos de todo lo que amo se vuelve también difícil de describir. Yo estoy seguro que te amo y que quiero estar contigo; aun así, me duele tanto la frustración que sientes por la lejanía y el hecho de no poder estar juntos. Cada pelea y discusión que tenemos me hace cuestionar más la decisión de haberte dejado. Lo único que te pido es que elimines todos esos sentimientos de frustración y esperes por mi. Nuestros corazones encontraran nuevamente su camino. Únicamente te pido eso: Yo regresaré a ti. Espera por mi”.
Al oír esto, Mariela comenzó a llorar por la tristeza que sabía que Javier sentía en su corazón por estar lejos pero sobre todo, por estar lejos de ella. Aunque entendía todo lo que le quería decir, su corazón estaba confundido por lo que su mente le decía que tenía que hacer. Finalmente, tomó el coraje para enfrentar la situación, limpió las lágrimas de sus ojos y dejó que hablara su corazón.
…Quizá no hay destino. Quizá no hay destino, sino el que nosotros hacemos.
Esa fue la idea final con la que Javier quiso dejar a sus nietos en aquella tarde, mientras estaba sentado en su silla favorita de color azul. El sol comenzaba a esconderse. Habían pasado ya dos horas desde había comenzado a contar la historia y cada uno de sus nietos se encontraba igual o mas emocionado que cuando ésta inició.
En ese momento, la abuela llamó a todos sus nietos para que se dispusieran a cenar. Los niños — un poco inquietos — le preguntaron a Javier: “Abuelo, ¿en que termina la historia? No podemos irnos sin saber el final”. Sonriéndoles, Javier se levantó de su silla favorita, puso las manos alrededor de la cara de su esposa y dijo: “Aún no estoy seguro. Todo depende…” y ésta, con lágrimas en sus ojos por lo que había oído, preguntó: “¿De que depende? Mientras sus labios se acercaban muy despacio, únicamente contestó: “De lo que pase en este momento….”