Music non stop


THE BEGINNING

Mi primera experiencia con la música electrónica fue la de cuatro rostros perfectamente alineados, limpios de emociones y a su vez arrastrando una intensidad contenida, quietos e impasibles, como unos maniquis. Esa imagen fugaz se acompañaba de un sonido mecánico que parecía construido con los sonidos de electrodomésticos, aparatos eléctricos y ruidos que forman parte del paisaje sonoro urbano, conformando una melodia cautivadora. Aquella imagen, cuatro maniquies-robots impasibles, quedó grabada en mis recuerdos de un niño de seis años. Entonces era 1978.

portada del single Maid of Orleans de OMD. 1981

Maid of Orleans es la primera canción de música electrónica que recuerdo haber escuchado de una manera consciente. Era 1981, era la casa de mi mejor amigo de entonces, era el misterio que había detrás del cuarto de su hermana mayor: aquel día la puerta estaba entreabierta, y de fondo, junto a su silueta, se veía una radio donde sonaba aquello de: “If Joan of Arc had a heart, / Would she give it as a gift / To such as me who longs to see, / How a legend oughta be”. Es difícil saber si entonces caí enamorado de la canción o de ella, pero lo que es seguro que ahora en mi cabeza suena a la perfección aquellos acordes, y de ella no recuerdo absolutamente nada.

portada del Black Celebration de Depeche Mode. 1986

Entre 1982 y 1986 escuchaba la radio a todas las horas, sólo música, y seguía con interés las listas de éxitos, sobretodo los puestos más bajos, siempre con la esperanza de oir algo nuevo y diferente. Sería fácil hacer una lista de la multitud de canciones electrónicas que escuché entonces, la mayoría se encuentran en recopilatorios de los 80, pero no fue hasta 1986 cuando algo llamó de nuevo mi atención. Aquel año se mezcla con emociones intensas, las primeras salidas, las discos, novias que duraban un mes, nuevos amigos, gente, más gente, imitar el peinado de David Bowie — aquel flequillo ladeado que cubría parte del ojo- maquillaje, gomina,… y ropa amplia de color negro. Una de aquellas novias tenía una hermana mayor, y recuerdo que me pasó un disco con el nombre de Black Celebration, la portada se veía un rascacielos con un gran crespón negro. El sonido era diferente, no sonaba artificial, había un ambiente con cierto ruido, una suciedad que le daba realismo, algo que hasta ahora no se percibía en el resto de grupos. Mi idilio con Depeche Mode comenzó con aquel álbum.

portada alternativa de Baku 1922 de Mecánica Popular. 1987

En 1987 seguía un programa de radio donde se escuchaba música experimental, y una noche sonaba una máquina de fotos, sí, aquello de click-click, rodeada de secuencias mecánicas de máquinas, engranajes y ruedas. Baku 1922, el aparato auditivo más bello del mundo recuerdo que decía el locutor con una voz aterciopelada- aquello lo grabé y lo mantengo casi integro- para presentar a los autores: Mecánica Popular , un musicólogo y un ingeniero de sonido. Fue fácil pasar a la acción, manipular un viejo radio-cassette Sony y enchufarle un teclado Sanyo de juguete, experimentar y grabar algunas piezas, crear paisajes sonoros sin preocuparme de que aquello se pareciese a una canción. Aquellas grabaciones las acabaría digitalizando en 2004 y llegaría a publicar algunos extractos en streaming.

THE GROWING

portada del single Personal Jesus de Depeche Mode. 1989

En 1988 todo se llenó con una cara sonriente de color amarillo. Recuerdo todo aquello como un vaciado de cerebro a la música electrónica, como arrancarle su mensaje, su contenido radical, y dejar una base sonora desprovista de interior. Aquello fue el Acid-House. Iba a lugares nocturnos donde sonaba la cara oscura de todo aquello, lo que se denominó Electronic Body Music, y que servía de cura de salud ante todo aquel desbarajuste de drogas de diseño-música repetitiva-clubs de moda, que nunca me atrajó y jamás participé de ello. El cambio vino de sorpresa, y lo recuerdo sentado en la barra de uno de los chiringitos que servían hamburguesas en la piscina que trabajé en el verano de 1989, bajo unos acordes de guitarra acústica, un riff casi country, se desplegaba una base electrónica muy en la línea de Kraftwerk, aquello era un paso más en la evolución de la música, un puente entre dos estilos opuestos hasta ese momento. Lo volví a escuchar durante las pruebas de acceso a la Escuela de Arte que haría a principios de septiembre — el año que me desdoblé acabando BUP y estudiando diseño- y mientras terminaba mi dibujo, volví a sentir que estaba ante algo distinto y novedoso. Después escuché un comentario en las críticas que decía: donde se encuentra ZZ-Top y Kraftwerk, y que acertado era. A partir de ese momento la industria supo como mezclas guitarras y sintetizadores a un mismo nivel y con la suficiente integridad.

portada de Frequencies de LFO. 1991

Comprar por encargo o de importación en tiendas de discos era algo muy común a finales de los 80, sobre todo si querías conseguir cosas distintas. No existía Internet, los ordenadores personales eran excasos, no había móviles, y los compac-disc empezaban a utilizarse. Por supuesto la música digital no existía y muchos de los proyectos más vanguardistas se distribuían en cintas de casete. Recibía el catálogo de Rotor, el sello de Esplendor Geométrico, y allí podías conseguir cosas inimaginables y muy limitadas. De todas ellas, la que recuerdo con bastante cariño fue la Frequencies de LFO, sobretodo por aquel: “House, / What is house?, / Technotronic, KLF, Or something you live in?, / To me, House is Phuture, / Pierre, Fingers, Adonis etc. / The pioneers of the hypnotic groove, / Brian Eno, Tangerine Dream, Kraftwerk, Depeche Mode / and the Yellow Magic Orchestra. / This album is dedicated to you. /… / In the future, We hope our music will bring everyone a little closer together, / Gay, Straight, Black or white, One nation under a groove.” Aquella música estaba construida con efectos, con ritmos y bases de sonidos de bajas frecuencias, era algo que te invadía por dentro.

Los 90 fueron los de las raves y del Grunge, algo así como revivir los 70, pero acabando mezclándolos con un reinvento llamado festival de verano. En todo esto, más que novedades, hubo conversiones en éxitos másivos de formulas que en los 80 no habían pasado de circuitos muy limitados. Muchas cosas me parecieron interesantes, pero en conjunto, como partes de una gran película:

de izquierda a derecha y de arriba a abajo: Massive Attack, Orbital, Prodigy, The Chemical Brothers, Underworld y Aphex Twin
Dance de lux. Número 1 1996

La mitad de los noventa fue el momento de la música electrónica en su vertiente dance y para mi existieron dos piedras angulares: el programa de radio Siglo XXI y la revista Dance de lux. En ese momento lo más interesante era más que la música, hablar de ella, teorizar, hacer esquemas y relaciones, crear etiquetas y mapas conceptuales que ayudaran a entender los treinta años anteriores. ¿Esto de dónde venía? Dance de luxe duró 10 años, a revista por año, las cuales tengo todas y guardo con bastante celo. En gran medida duró lo que le interesó a la prensa músical todo aquello, y creo que más tiempo del que hubiera debido. Analizado casi veinte años después, llego a la conclusión que todo aquello que se escribió y teorizó no era más que hablar de los mismo, que todas aquellas etiquetas y estilos no eran más que variantes de la música que construyeron entre cuatro a principios y mediados de los 80. Si cogemos temas de los pioneros de hipnotic groove, como indicaban LFO a principios de los 90, tendrías explicado en media hora todo aquello. Es decir, encerrarse con Kraftwerk, Tangerine Dream, Depeche Mode, Brian Eno y Yellow Magic Orquestra durante un fin de semana sería suficiente para determinar todas aquellas etiquetas, estilos y subestilos.

THE MATURE

portada de Chiastic Slide de Autechre. 1997

Chiastic Slide de Autechre supuso un siguiente paso, un peldaño en la escalera, algo distinto que no se había hecho antes. En aquel momento de teorías y análisis, de etiquetas y estilos, que apareciera algo que no encajaba se podía entender como una mutación. Lo imprevisto molesta, en parte esta imprevisión generó un nuevo camino que después fue ampliamente explotado. Chiastic Slide se construía a partir sonidos imposibles, ritmos desacompasados, a veces repetitivos y otras casi aleatorios, donde melodías, simples y bonitas, emergían entre enjambres de ruidos metálicos. Autechre eran distintos al resto en aquel momento: títulos impronunciables e inventados, actuaciones en absoluta oscuridad, no hablaban sobre su música, tímidos y huidizos no hacían promoción y no se acompañaban de nigún tipo de imaginario. He seguido su trayectoria en estos últimos 20 años y jamás me han defraudado.

portada de Play de Moby. 1999

Play fue una sorpresa, recuerdo la época en que salió, aquello de investigación en las fuentes del blues — no para hacer blues, sino para samplear grabaciones antiguas de partes vocales — , subir el ritmo y crear algo bailable de piezas casi vocales. Moby supo en aquel momento situarse donde debía: un guru dance sin pisar una discoteca, sin salir por la noche o llevar vida de club; nada de drogas, le iba el rollo vegetariano. Todo eso era contradictorio, pero a la vez ejercía un efecto imán sobre quien quería acercarse. El éxito fue imparable y, aunque después lo ha intentado en los siguientes trabajos, la magia de aquel momento nunca se ha repetido.

A partir del año 2001 entramos en una nueva etapa que nada tenía que ver con aquellos sueños basados en la ciencia ficción, o por lo menos en cierta medida. Llegó la música digital, Internet comenzaba a ser un espacio de intercambio, la información era más asequible, todo parecía estar más cerca, en fin… pasamos a una nueva etapa. Hacer música y producirla se hizo más fácil, aquello del estudio en casa, se podía crear y distribuir por uno mismo, sin embargo no afloraba nada impactante, era como: puedo hacer un disco con los sonidos de Daft Punk, el estilo de Air o la manera de Kraftwerk, pero nada más. Entonces empecé a pensar que nos hacíamos viejos.

THE AGING

portada de The XX. 2009

Suele pasar, en mitad del aburrimiento consumiendo mucha música Clásica y Jazz llegó algo cautivador, no nuevo en realidad, pero con la suficiente entereza como parecerlo. XX de The XX fue el primer disco que compré en iTunes después de adquirir mi primer iPod, y me pareció un ejercicio de desnudez, de quitar capas y capas, y quedarse con la esencia. En ellos había un rastro de influencias evidentes: The Cure, New Order y Everything But the Girl, las más obvias, pero no obstante, conseguían la pureza que los tres han buscado en más de treinta años de carrera sin llegar a conseguirla, o por lo menos en los niveles de este trabajo. La segunda década del nuevo milenio comenzaba esperanzadora.

Aparecieron muchos proyectos interesantes, todos formando un mismo mapa, estimulante, sí, pero un puzle lleno de piezas al final del todo. La época de streaming lo puso más fácil, se podía hacer listas, compartir gustos, y en general construirte tu propio mundo músical y llevarlo encima. Era más un avance de medios que en sí de trabajos, pero lo fascinante estaba en esa pequeña libertad formal, con lo que la suma y suma de pequeñas maravillas ayudaban a hacer una mayor.

portada de Maximum Entropy de Man Without Country. 2015

Pero a veces las sorpresas llegan de repente. Hacer una versión de un tema como Sweet Harmony de The Beloved, y mejorar el original, pues ya era una pista. El sonido es grandioso, una atmósfera llena de capas y capas de sutilezas, que casi tendrías que remontarte a Oxigene de Jarre para escuchar como suena el aire o el agua. Man Without Country me parecieron convincentes desde el comienzo, y los pasos son tan firmes que ya destacan sobre el resto. Maximum Entropy es más que relevante, es de lo mejor que se ha hecho en su género

portada de In Colour de Jamie XX. 2015

Era obvio que el momento en que el creador de los ritmos de the XX hiciera algo propio sería único. Como si los hados se hubieran juntado para darme una sorpresa el mismo día de mi cumpleaños, amanecí con esta pieza en mi iPod. Que Marte fuera la imagen visual de Mi Gosh era la puerta perfecta, y el resto una lección de principios sobre lo que ha sido gran parte de la música electrónica de los últimos 20 años. Jamie XX consiguió que la leyenda creada con The XX si hiciera aún mayor.

El futuro… me quedo con la frase de LFO: “/ In the future, We hope our music will bring everyone a little closer together, / Gay, Straight, Black or white, One nation under a groove.”, todavía no se ha cumplido, me temo.

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