Un hombre apaga varios contenedores quemados al paso de los anarquistas

Como tantas otras noches en Atenas, arden contenedores, se inflaman las conciencias contra un dios ya destronado, la rabia azotando la figura, la sombra, de alguien que fue y se ha ido apagando, consumiendo. Será reemplazado por un muñeco de paja bien apuntalado.

Como tantas otras noches los que no tienen la culpa se desfogan con los que no tienen la culpa y que limpian, a su paso, los escombros. Así, todo queda en casa. Mientras ese ídolo duerme apacible la noche ateniense sin oler de cerca los lacrimógenos o el líquido de los cócteles molotov.

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