El campo de Moria arde, como una tea. Único modo de que ese terco hombre, en su pasillo de linóleo, de moqueta, de pergo; a oscuras, porque la bombilla desnuda le ciega. Por fin vea.

Foto: AFP

Al otro lado la retroiluminada pantalla despierta una indignación de encogimiento de hombros. La democracia nos arropa del frío mientras dure el artículo. Arqueamiento de ceja, comentario en red social, entrada en blog.

Mirarse la piel. Ser del color correcto. Olvidarse. Cenar. Dormir.

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